Posteado el 25 marzo, 2018 Por en Críticas con 138 Visitas

1945

1945, de Ferenc Török. 2017.

El pasado siempre vuelve

Ferenc Török analiza los efectos de la Segunda Guerra Mundial en una pequeña localidad húngara en pleno verano de 1945, cuando la guerra en Europa ya ha acabado. Los habitantes de la localidad se preparan para festejar la boda del hijo de un funcionario del ayuntamiento. Mientras tanto, un hombre judío y su hijo llegan a la estación de ferrocarril con dos enormes cofres.

El funcionario cree que se puede tratar de familiares de los judíos deportados, denunciados por él mismo y otras gentes del pueblo, que vienen a recuperar las propiedades que les fueron injustamente arrebatadas durante los años del holocausto nazi. Un clima enrarecido domina toda la trama, en la que los habitantes del pueblo temen por las intenciones de los dos misteriosos habitantes, y eso desata una serie de confrontaciones entre ellos, desenterrando un más que turbio pasado.

El realizador húngaro, que escribe también el guión con Gábor T. Szántó, teje una historia de muchos personajes alrededor de la figura más controvertida de la historia, el funcionario del ayuntamiento István (Péter Rudolf), paradigma de la culpabilidad que asola al pueblo. De hecho, sus actos ya tuvieron consecuencias, pues su matrimonio con una mujer que ha caído en la adicción está totalmente roto, al mismo tiempo que intenta casar a su débil hijo con una joven del pueblo que ya estuvo comprometida con un hombre que la abandonó al abrazar los ideales del comunismo.

La elegante fotografía en blanco y negro de Elemér Ragályi y la inquietante música de Tibor Szemzö visten a un film que recuerda en su argumento a Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952) y en su acercamiento a La cinta blanca (Michael Haneke, 2009), de la que Török debe ser un gran admirador. La historia se mueve con interés de unos personajes a otros, que deberán descifrar el significado del retorno de los dos judíos al pueblo, acentuando su sentimiento de culpa y alterando sus planes a corto plazo. La inesperada visita, de la que Török preserva con maestría el misterio de sus intenciones, provoca que nadie siga siendo la misma persona. Y es que además del problema del antisemitismo, este hecho provocará que asomen otros fantasmas que acechan a los protagonistas, entre los que descubrimos sentimientos de venganza y celos, y una aversión también por los partidiarios del nuevo régimen soviético.

Török consigue matener nuestro interés por una historia que posiblemente se debería haber resuelto de forma más contundente, pero aún así no pierde su originalidad e inteligencia en ningún momento, haciendo de 1945 una gran película sobre un periodo de transición vital en la historia de Europa. Más accesible que El hijo de Saúl (László Nemes, 2015), el film es otro ejemplo de las buenas producciones centroeuropeas que nos siguen llegando desde entonces.

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