Posteado el 25 noviembre, 2017 Por en Críticas con 38 Visitas

A ghost story

A GHOST STORY, de David Lowery. 2017.

David Lowery firma una de las propuestas más personales de la temporada y lo hace construyendo un poético relato sobre el olvido. Para ello utiliza una relación de aspecto 4:3 nada habitual, con la que acentúa la idea de sentirse atrapado por parte del fantasma protagonista, como si habitara dentro de una caja.

Casey Affleck es C, un músico que vive con su esposa M, interpretada por Rooney Mara. Después de fallecer en un fatídico accidente de tráfico enfrente de casa, el fantasma de C regresa del hospital y contempla parsimonioso el duelo de su mujer. Lowery se toma su tiempo para confeccionar estas escenas y consigue emocionarnos con secuencias como en la que M se come un pastel hasta sentirse mal, demostrando su inmenso dolor.

El fantasma de C es un fantasma de sábana blanca -a Lowery siempre le gustó mucho el potencial de esa imagen-, que vive atrapado en un loop temporal. Además de contemplar, enrabietado, cómo M regresa en una ocasión a casa acompañada por otro hombre, C compartirá esta misma casa con una familia hispana y asistirá en ella a una fiesta donde uno de los asistentes (Will Oldham) firmará un monólogo acerca de los esfuerzos de la humanidad por asegurar su legado. El acercamiento al concepto de la perdurabilidad en su discurso no es nada gratuita, si tenemos en cuenta que el fantasma de C representa la finísima línea que separa la memoria y el olvido.

Especialmente interesante es la conexión de C con otra fantasma que le asegura que espera a alguien en la casa de al lado, aunque por desgracia no sabe a quién. C vivirá los cambios en el vecindario hasta que es derrumbado para edificar unos rascacielos. Todo cambia a su alrededor, y en ese loop en el que está atrapado volverá a una pradera donde compartirá momentos con una familia de colonos del siglo XIX.

Lowery mide al detalle la estética del film, reflejando una quietud que quiere beber del mejor Malick (palabras mayores). El amor, el luto, la soledad y el olvido serán los temas de este film melodramático que elude el elemento sobrenatural y fantástico del título, lo que puede provocar que el espectador la afronte con cierto escepticismo. Mención especial para el tratamiento musical y el gusto exquisito para la elección de piezas, lo cual contribuye a subrayar el cariz metafísico y reflexivo del film. Interesante.

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