Posteado el 5 junio, 2017 Por en Cine Europeo con 227 Visitas

“Alps” (2011)

Estimulante reflexión sobre la muerte y los roles autoimpuestos con el siempre desconcertante sello de su director

Alps supone una mirada diferente al tema de la muerte, analizado desde diversas perspectivas y tratado de una forma absolutamente original, teniendo en cuenta tres ejes: el dolor de los familiares, la forma en la que éstos tratan de superar la pérdida, y finalmente, el elemento de ficción introducido por Lanthimos en su película a través de los “Alps”, un grupo de personas que, a cambio de dinero, sustituyen a las personas difuntas para ayudar a sus familias a superar el trauma.

El colectivo está formado por cuatro miembros anónimos: una enfermera, un conductor de ambulancias, una gimnasta y su entrenador, quien dirige la organización y controla a los otros miembros. No se conocen por sus nombres reales y cada uno de ellos adopta el nombre de un pico montañoso de los Alpes para presentarse al grupo. El líder, por ejemplo, se conoce como Mont Blanc. El grupo se presta a ofrecer un servicio impagable: se hacen pasar por la persona difunta para que los familiares puedan recrear con ellos los momentos y situaciones vividas que deseen. Tanto las discrepancias en el seno del grupo como la inestabilidad de algunas familias a las que prestan el servicio son elementos que pueden acarrearles serios problemas, incluso llegando a ser castigados de forma severa.

Los “Alps” tienen que cumplir quince reglas básicas, redactadas por Mont Blanc, jefe del grupo, entre las que destacan las siguientes:

  • Deberán especificar por adelantado lo que no están dispuestos a hacer rellenando el formulario 1 (ej. besarse, levantar pesas, viajar, etc.).
  • Deberán especificar por adelantado lo que se les da bien rellenando el formulario 2 (ej. bailar, el esquí acuático, conversar, etc.).
  • Deberán tener conocimientos básicos de psicología y sociología.
  • No podrán hablar de las actividades de “Alps” con personas ajenas a la compañía.
  • Deberán ser mayores de 14 años.
  • Deberán mostrarse siempre elegantes y limpios, ser puntuales y mantener el control de la situación en todo momento.
  • Nunca deberán implicarse emocionalmente con los clientes o mantener relaciones íntimas con ellos.
  • No podrán cambiar su apariencia física sin el consentimiento del jefe (ej. teñirse el pelo, adelgazar o engordar, llevar lentillas de colores, etc.).
  • Deberán ser capaces de mostrar expresiones faciales convincentes (tristeza, felicidad, desesperación, etc.)
  • Deberán hacer honor a su título de miembro de la compañía y estar dispuestos a matar y morir por ella.
  • Nunca se atacarán los unos a los otros y deberán abogar por el trabajo en equipo.

Yorgos Lanthimos, nuevamente con su colaborador habitual en el guión, Efthymis Filippou, consigue crecer en esta película con la misma premisa de incomodar, como ya ocurriera en su anterior trabajo, Canino (2009). El realizador pone el dedo en la llaga para hacernos reflexionar en un contexto que siempre está abierto a diferentes lecturas e interpretaciones.

La actuación de Aggeliki Papopulia, que ya trabajó en la cinta anterior del director, en el difícil papel de la enfermera, es soberbia si nos atenemos a la complejidad de su personaje, una rebelde dentro de la organización que debe aprender a manajear su propia realidad.

La premisa de la película es clara: los familiares pretenden burlar a la muerte reviviendo episodios y situaciones con la persona tristemente fallecida. Sin perder esto de vista, la película aparca por momentos la reflexión sobre la muerte y se centra en la vida de la enfermera, de la que deducimos que su madre ha fallecido y por otro lado, que tiene un padre que no le presta apenas atención y que está intentando rehacer su vida con otra mujer. La enfermera intenta paliar su déficit de afecto con el recibido de forma “ficticia” por los familiares para los que trabaja, ansiando un grado de acercamiento que está totalmente prohibido dentro de la organización. Este intento de sustitución con fines personales le supondrá no pocos problemas con la compañía, de la que recibirá un violento castigo.

De hecho, su profesión ya nos da la pista de que su vocación es cuidar a los demás. El elemento más fascinante de su historia es que cuando recibe malas noticias por parte del grupo, no sabe discernir entre realidad y ficción y busca calor en el falso artificio creado por la compañía y los familiares que los contratan.

Lanthimos vuelve a filmar a sus personajes desde la espalda, y esto acompañado de su particular uso de la luz y los constantes silencios, los mantiene misteriosos, casi inexcrutables para el espectador. Una lectura válida es que la raza humana está formada mayoritariamente por malos actores que buscan desesperadamente interpretar un papel o llenar un espacio. Nuevamente, sabe manejar con maestría la combinación de comedia absurda con tragedia, aderezado con repentinos estallidos de violencia que logran epatar al espectador. La película no es tan brillante como Canino, pero resulta igualmente desconcertante y estimulante. Alps fue premiada con el mejor guión en el Festival de Venecia.

Algunos afirmarán que el cine de Lanthimos no es entretenimiento, pero su fuerza e interés como ensayo social y disección de la condición humana es impagable. Comparándola con su obra magna, Lanthimos afirma que Canino era “la historia de una persona tratando de escapar de un mundo ficticio”, mientras que Alps “trata de una persona que intenta formar parte de un mundo prefabricado”. La verdad es que es indiscutible que el realizador griego sabe hacernos reflexionar acerca de las circunstancias que más nos incomodan y para ello ha sabido crear un sello personal único e intransferible en su cine.

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