Posteado el 18 diciembre, 2016 Por en Cinefilia con 971 Visitas

Amarcord – Los recuerdos de Fellini

FELLINI PRINCIPAL

El genio de Fellini

Nunca me ha sucedido nada verdadero. Todo lo inventé yo.” Federico Fellini, “Fellini por Fellini”

Federico Fellini nació en Rímini en enero de 1920 y falleció en Roma en octubre de 1993. Dedicó toda su vida al cine, como guionista y director, y es considerado como uno de los más geniales de todos los tiempos. Él decía de sí mismo: ‘No puedo ser objetivo ante mis películas por una razón muy simple: no me considero un director profesional, cuyas películas sean la expresión de un hombre que ejerce un oficio. Soy un narrador de historias. Filmo porque me gusta contar mentiras, inventar historias y contar cosas que vi, personajes que conocí. Sobre todo, me gusta contarme a mí mismo’.

Fue ganador de cuatro premios Oscar a la mejor película de habla no inglesa, uno de ellos por el film objeto de este artículo (el mismo año de su estreno), así como un Oscar honorífico a su trayectoria profesional (en 1993), poco antes de su muerte.

“Amarcord” quizá no sea la película más significativo de Fellini, y efectivamente, una película como “La strada”, que partiendo del neorrealismo se adentra en terrenos más imaginativos u “Ocho y medio” que muestra el mundo interior del maestro italiano de una manera más compleja a través del cine, se nos antojan superiores, pero hay que tener en cuenta que Fellini, como otros grandes autores (Bergman, Hitchcock), tiene una obra tan apabullante que media docena de títulos pueden servir para un estudio porque están entre sus mejores producciones. amarcord_0

De hecho, una de las cosas que más encanta de “Amarcord” es que sirve como magnifico ejemplo de lo que es Fellini: es una película que define a un autor y que por muchas razones (personajes, estructura, la música inolvidable de Rota) se convierte en un resumen de una etapa y en modelo para otras obras. Además, como las grandes obras, su visión se amplía en función de las diferentes revisiones que se va realizando de ella.

La estructura de “Amarcord”

Uno de los aspectos que siempre fascinan cuando se ve “Amarcord” es la estructura de la película. Una amalgama de escenas y personajes que entran y salen bajo un mínimo armazón que apenas se sustenta en dos pequeñas argucias: un voz en off que va narrando los acontecimientos haciéndose presente en determinadas ocasiones y el paso del tiempo marcado por las estaciones del año.

Así, en el esquema siguiente tenemos las secuencias más importantes organizadas de manera cronológica siguiendo las estaciones:

  • Primavera

–          Hoguera y quema del muñeco
–          Escena de los profesores y alumnos en el colegio
–          La comida familiar
–          Paseo nocturno por la calle (cine, los fascistas, Gradisca)
–          Confesión, religión e iglesia
–          Fiesta fascista
–          El incidente de la torre y el interrogatorio en la comisaría

  • Verano

–          El Gran Hotel, el harem
–          El tío loco, “¡quiero una mujer!”
–          El trasatlántico Rex

  • Otoño

–          La carrera nocturna de coches
–          El joven y la estanquera

  • Invierno

–          La gran nevada
–          El entierro de la madre

  • Primavera

–          Boda de Gradisca

Como se puede ver, un gran número de escenas que incluyen a muchos personajes que entran y salen del relato en una estructura que no es nueva en el cine de Fellini, pues en anteriores películas ya podemos ver algo de esto, como por ejemplo en “La dolce vita” (1959), donde ya instaura de una manera muy similar esta forma de narrar los acontecimientos, algo a lo que el director italiano es muy aficionado y que luego repetiría en “Satyricon” (1968) o “Roma” (1970), e incluso en esas historias en miniatura que son los episodios que forman parte de largometrajes colectivos (“Boccaccio 70”, “Historias extraordinarias”) pues algunas historias de “Amarcord” pueden constituir en sí mismas pequeños episodios independientes (la historia del familiar loco que se sube a un árbol pidiendo una mujer o la narración del Gran Hotel con el harem y la Gradisca, por ejemplo).

Pero en “Amarcord” tenemos la utilización de este modelo de una manera más perfeccionada, pues la virtud de esta película  es que todas esas pequeñas escenas, que agilizan mucho la narración, terminan conformando un todo, una visión global de ese espacio imaginario que suponen los recuerdos de un tiempo. Porque “Amarcord” son los recuerdos de una persona asociada a una pequeña ciudad. No es una película realista, no es la infancia de Fellini, o lo es, pero tamizada por el paso del tiempo y la imaginación, y esta mezcla viene facilitada y catapultada precisamente por esa fragmentación.

descarga (1)La síntesis de todo el legado cinematográfico de Fellini

El acto creativo, en Fellini, está basado en un subjetivismo radical. Se niega la posibilidad de una normalidad o universalidad perceptiva, y en consecuencia se niega la de cualquier normativa en su expresión. La realidad, filtrada por los sentidos que la captan en el momento mismo de su aprehensión, es inmediatamente alterada por una sensibilidad subjetiva e instantánea asumida en su modificación como memoria personal. Por ello, la única posibilidad de objetividad y de sinceridad es la subjetividad absoluta: no la reconstrucción del mundo tal y como se cree que es (como si la persona fuera un espejo que refleja las imágenes sin absorberlas) sino la reinvención total de lo real para intentar sacar fuera esa visión.

“Amarcord” es la película en donde está todo Fellini; la provincia vivida como aislamiento, como separación , tedio, abdicación, descomposición y muerte. Sus habitantes se reúnen para hacer tonterías. Cuando están solos es la pérdida, la soledad.

image-work-fellini_amarcord_letheil_grand_hotel_lithographie_originale__original_lithograph__litografia_originale-10213-450-450“Amarcord”, que comienza con la Gradisca prendiéndole fuego a la “bruja del invierno”, y dando paso a la primavera, y que termina con la despedida que hace un año después al grupo de adolescentes de la película, es sobre todo una película sobre rituales de una comunidad y los cambios de estación. En esta pauta rítmica básica, los sueños y otras fantasías desempeñan un papel tan importante como los propios recuerdos. “Amarcord” significa “me acuerdo” en el dialecto regional de Rimini, ciudad natal de Fellini. “Amarcord” es el largometraje número trece en la carrera de este gran director, rodado casi veinte años después de su primer retrato de la adolescencia en la maravillosa “I Vitelloni “(1953), y la distancia que separa ambas películas se debe sobre todo a que, en ese plazo de tiempo, Fellini aprendió a confiar más en la imaginación que en la observación “realista” de las cosas. Así el vuelo de le manine (vilano) que aparece en los campos todas las primaveras no es mi menos mágica ni menos corriente que la misteriosa nevada que cae sobre la ciudad y que arrebata al cine su papel de principal atracción. Y la pompa y esplendor que inevitablemente rodean las ceremonias de la Iglesia y el Estado encuentran exactamente correspondencia en los actos públicos de la película.

Inevitablemente, los ritos de la iniciación a la pubertad y el espectáculo de la política (que alcanzan su clímax con las imágenes de la rubia y 8ee82d222a25d03a196e8c5322f1ad6eninfomaníaca Volpina y del carismático Mussolini) tienen su origen en unas mismas libidos torturadoras. Merece la pena señalar que el sector privilegiado de la visión poética de Fellini, al igual que ocurre con Tita (Bruno Zanin) es la plaza mayor local, nuevo foro público en el que las distintas personalidades y caracteres pasan y se mezclan continuamente. La vida privada apenas parece existir en unas comunidades dominadas por el chismorreo, los rumores y los mitos, y sin embargo, es precisamente en el reino de lo privado donde se desarrollan los sueños colectivos de la pequeña ciudad provinciana retratada por el genio de Fellini, caracterizados casi siempre por anhelos y extravagancias sexuales negados a la mayoría de los ciudadanos.

En una de las escenas más conseguidas de la película vemos el mundo familiar de Titta. En su familia, las cosas no son muy alentadoras. Siempre hay una tensión permanente a punto de estallar, una crispación y frustración subyacente. Asistimos a una comedia en la cocina que es una joya neorrealista, con todos los miembros en la mesa: el tío, un zángano con el pelo sujeto por una redecilla, que ya aparecía en “Roma” (1972); el abuelo libidinoso y chocho, el padre antifascista, desbordado por todo, la madre amargada, el hermano menor tragón y el propio Titta. Unas medias colgadas de un cordel sobre la mesa hacen que en algunos planos se vea una especie de fantasmales piernas de ahorcado. La madre es una figura especialmente cuidada por Fellini y espléndidamente interpretada por Pupella Maggio: una mujer agotada y maliciosa, que se las sabe toda sobre la panda a la que tiene que cuidar, tierna y complaciente con su hermano zángano, dura con su marido pero en el fondo preocupada por él y solícita, capaz de encerrarle en casa cuando teme que se meta en líos durante el desfile fascista. “Amarcord” sigue conservando la inmediatez y el humor escatológico y sexual. Entre esos toques de humor cabe destacar momentos como el del encuentro entre Titta y Luccia, la estanquera (María Antonietta Beluzzi), que le invita a chupar sus enormes pechos, después de que él haya demostrado su vigor juvenil levantándola en vilo varias veces. Sin embargo, ese aspecto de la película es sólo la otra cara de la moneda que complementa su patetismo, reflejado por ejemplo en el personaje del tío de Titta, un loco que se sube a un árbol y se niega a bajar mientras no le lleven una mujer (grandiosa escena).

“Amarcord” es una película inolvidable con una de las bandas sonoras más bellas de la historia del cine compuesta por el no menos inolvidable Nino Rota, que da un tono nostálgico que va variando en función de la puesta en escena. Inquietantes son aquellas imágenes del loco motorista que pasa a veces irrumpiendo ruidosamente en el filme, sin que se sepa quién es, de dónde viene o a dónde va, poniendo una nota de velocidad, rompiendo el ensueño que es toda la película, o esos fascistas corriendo por las calles, o esos adolescentes bailando en la niebla.

Una obra maestra del cine italiano que te conmueve el corazon y que contiene imágenes muy poderosas que se quedan para siempre en la retina.

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