Posteado el 4 diciembre, 2017 Por en Críticas con 25 Visitas

Ana, mon amour

ANA, MON AMOUR, de Calin Peter Netzer. 2017.

Calin Peter Netzer construye en Ana, mon amour una historia acerca de las relaciones de pareja, de cómo y por qué el amor se convierte en dependencia. Toma (Mircea Postelnicu) y Ana (Diana Cavallioti) se conocen en la universidad y experimentan un amor a primera vista, por lo que deciden casarse.  Él cuida de ella ya que Ana sufre un trastorno mental que le provoca unos extraños ataques de pánico, situación muy difícil de comprender para su entorno. La represión que sufren por parte de ambas familias y la sociedad rumana pone muchas dificultades a esta relación, que finalmente tendrá graves consecuencias para Toma, que intenta analizar desde la soledad lo que ha sido su vida juntos.

La película está narrada con gran intensidad desde el punto de vista de Toma, en el que el pasado y el presente se entremezclan durante los diez años de vida de esta pareja, desde el romance de juventud hasta los problemas en la madurez y la consiguiente separación. Netzer pretende que cualquiera que haya tenido pareja pueda ponerse en la piel de los protagonistas. El análisis de la dependencia reflejada en esta película pone en tela de juicio si el amor verdadero es el motor de la mayoría de las relaciones.

Postelnicu y Cavallioti nos regalan convincentes interpretaciones y hacen plausible la brusquedad con la que su historia de desplaza de la felicidad a la infelicidad. Es meritoria esta construcción no lineal de la historia, prescindiendo de la organización narrativa convencional, la cual no es nada caprichosa, ya que lo que pretende el realizador rumano es representar los recuerdos desordenados de Toma, quien acudirá hasta a un cura ortodoxo y a un psicoanalista para encontrar respuestas a lo sucedido. Así pues, Ana es desplazada como voz narrativa, aunque será la figura central de la historia a través de los recuerdos subjetivos de Toma.

Después de analizar la dependencia en el seno familiar con la premiada con el Oso de Oro en Berlin Madre e hijo (2013), Netzer nos acerca una visión patológica del amor en una relación de pareja, alejándose de su concepción romántica para centrarse en cómo el egoísmo y la dependencia surgen como fatales sustitutos del amor. El realizador se apoya en un excelente montaje y una gran interpretación de la pareja protagonista para analizar los sistemas de control y dependencia que caracterizan algunas relaciones, y que incluso pueden conducir a la destrucción. Aunque en algunos compases se le puede achacar a la película cierta redundancia en las ideas expuestas y un ritmo demasiado ralentizado, Ana, mon amour no deja de ser otra meritoria muestra de la Nueva Ola rumana.

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