Posteado el 1 abril, 2018 Por en Críticas con 261 Visitas

Aniquilación

ANIQUILACIÓN (“Annihilation”), de Alex Garland. 2018.

Propuesta formal… ¿y algo más?

Después del excelente debut con Ex-Machina (2015), en la que Alex Garland planteaba un relato futurista que iba más allá del mero entretenimiento, el realizador regresa con Aniquilación, película precedida por un sorprendente hype. Sin embargo, finalmente ha sido estrenada en las plataformas de cine en casa, sin pasar por la gran pantalla, tras una controvertida decisión de la Paramount, que no vio en la nueva propuesta del joven autor un producto con muchas posibilidades en el circuito comercial convencional…

Garland adapta libremente la novela de Jeff VanderMeer para narrar la historia de Lena, una bióloga interpretada por Natalie Portman que liderará una expedición de científicas (Jennifer Jason Leigh, Tessa Thompson, Gina Rodriguez y Tuva Novotny), que debe adentrarse en una región acordonada por el gobierno de Estados Unidos tras unas misteriosas desapariciones que guardan relación con el solitario regreso de Kane (Oscar Isaac), el marido de Lena, quien parece seriamente afectado por la última misión. La exploración de esta zona X, donde parece que una fuerza alienígena está casuando estragos, será el motor de esta sci-fi que al igual que La llegada (Dennis Villeneuve, 2016) quiere ofrecer algo parecido a un mensaje.

La película salta posteriormente al cine de acción más desatado con los inquietantes ataques de animales mutantes en unas escenas que tienen algo de Depredador (John McTiernan, 1987), cuidando en todo momento la puesta en escena y conjugando diversos géneros como el fantástico, el terror, el sci-fi y el drama. El director pretende conformar una propuesta en la que todo esté bien dosificado y que combine la acción con el poso dramático de la historia de Lena y Kane, regada de paso con un pesimismo desalentador.

Natalie Portman lidera con solvencia el reparto, pero no evita que la película cause el efecto contrario a lo pretendido por el director. Inevitablemente se produce una desconexión entre el espectador y el interés por la trama, que confirma que la película parece más interesante que lo que realmentes es. Garland dosifica la información en un intento de mantener la tensión, pero a medida que vamos descubriendo cosas, todo resulta cada vez más impostado, comenzando por unas flojísimas teorías y deliberaciones entre las científicas protagonistas – el descubrimiento de las motivaciones de cada una de ellas para aceptar la misión es bastante decepcionante-, que le restan trascendencia al resultado final. Todas las decisiones que toman las protagonistas al abordar su enfrentamiento con la naturaleza que las rodea son absurdas y echan al traste un gran trabajo de fotografía y efectos especiales, en los que destaca una bella luminosidad que cobra su máximo esplendor a medida que nos acercamos al final.

En definitiva, una película que, aunque parece que será encumbrada como un gran logro dentro del sci-fi contemporáneo, peca de una ambigüedad con ínfulas trascendentales que más bien puede entenderse como mera vaguedad… No obstante, es incomprensible que se nos haya negado la posibilidad de verla en pantalla grande.

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