Posteado el 11 febrero, 2018 Por en Críticas con 111 Visitas

Call me by your name

CALL ME BY YOUR NAME, de Luca Guadagnino.2017.

Todo fluye y cambia

Luca Guadagnino cierra su particular Trilogía del Deseo –Yo soy el amor (2009) y Cegados por el sol (2015)- con una magnífica revisión de la novela de André Aciman, adaptada para la ocasión por el veterano James Ivory. El film cuenta la historia del despertar a la madurez del adolescente Elio Perlman (Timothee Chalamet), quien pasa un verano en el norte de Italia junto a su cultivada y sofisticada familia. Estamos a principios de los años 80, y un joven norteamericano, Oliver (Armie Hammer), llega a la villa italiana donde se hospeda la familia Perlman para ayudar al padre, Michael Stuhlbarg, con el descubrimiento de una serie de vestigios históricos.

La capacidad de Guadagnino y Ivory de construir un mundo particular lleno de gestos naturales, exentos de cualquier atisbo de manierismo forzado, es prodigiosa. El film nos atrapa en una ambientación donde encontramos pinceladas musicales del new wave y del italo disco, aunque nada le quita protagonismo al particular mundo de Elio gracias a la excelente fotografía de Sayombhu Mukdeeprom y a la ubicación de su realidad dentro de referencias al mundo clásico. Un espacio creado para él y la búsqueda de su identidad, un espacio en el que, citando a Heráclito, del que se leen algunos fragmentos durante el film, “todo fluye, todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni el río ni yo somos los mismos…”.

La película nos muestra la construcción de la madurez del joven Elio y el surgimiento de una historia de amor que traspasa todas las fronteras posibles. Un amor vivido, por un lado, desde la fuerza indestructible de la juventud, y por otro, desde una madurez que no renuncia a experimentar algo único, aún a sabiendas que el futuro que le espera es totalmente distinto. En este sentido, la película nos regala un momento cumbre cuando el padre conversa con Elio tras el regreso de éste de su viaje a Bergamo con Oliver y en el que matiza las circunstancias que normalmente confluyen en las relaciones amorosas, y que desgraciadamente, en casi todos los casos, sirven para dinamitarlas. Un discurso tan pedagógico que ningún adolescente de este mundo debería perderse.

Call me by your name no prescinde en ningún momento de la sensación de aprendizaje y evolución de sus protagonistas, en una historia en la que guionista y director aportan algunas experiencias personales a la novela de Aciman para hacer del conjunto algo más poderoso. Los actores hacen el resto, liderados por un impresionante Timothee Chalamet, con un más que prometedor futuro a sus espaldas (la última escena a pie de chimenea es secillamente sublime). Los apuntes musicales, que comprenden desde Bach a Ryuîchi Sakamoto, pasando por Franco Battiato, Moroder o The Psychedelic Furs (atención a la escena en la puerta de la iglesia en la que Oliver baila con una desconocida al son de Love my way) tienen su guinda con la aportación de Sufjan Stevens, especialmente con el tema Mystery of Love, aspirante al Oscar y convertido ya en un himno.

El film de Guadagnino, después de un espectacular estreno en la edición de Sundance de 2017, llegó a las pantallas ya convertido en una película de culto. Una historia de amor que brilla por su naturalidad -y por tanto, también por su complejidad- y por su universalidad más allá del componente gay, y con la que el joven protagonista aprende a seguir creciendo sin ignorar el dolor que le ha causado. Obra maestra.

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