Posteado el 4 junio, 2018 Por en Críticas con 43 Visitas

Caras y lugares

CARAS Y LUGARES (“Visages, villages”), de Agnès Varda y JR. 2017.

Grandes retratos de personas comunes

La veterana realizadora Agnès Varda y el joven fotógrafo y muralista JR nos presentan una road movie por la campiña francesa en la que nos acercan retratos de personas comunes con mucha sensibilidad, siempre aderezados con un punto de melancolía. La obra, financiada mediante crowdfunding, es un testimonio vital de ambos artistas, un canto a la amistad en el que utilizan un lenguaje muy sincero entre ellos y las personas retratadas, de las que siempre destacan los aspectos más positivos de sus vivencias.

La peculiar pareja homenajea a los personajes -mineros, estibadores del puerto, trabajadores en negocios locales, carteros, y hasta un ex-miembro de la Resistencia francesa-, empapelando sus casas con retratos gigantes de ellos mismos y atrayendo la curiosidad de los habitantes de los pueblos gracias al fotomatón gigante que JR transporta en su furgoneta. Por su parte, Varda explora la combinación de la imagen fija con la imagen en movimiento y vuelve a demostrar su maestría en el terreno del documental como ya hiciera en Los espigadores y la espigadora (2000), obra que recuerdan en este trabajo a propósito de la fotografía que JR toma de los pequeños pies de Varda.

La película es sencilla, pero esconde un mensaje tan honrado y positivo acerca de personas comunes que eleva el trabajo a un nivel superior. El único punto negro en el viaje de ambos artistas es la fallida visita a la casa de Jean-Luc Godard en Rolle (Suiza), quien no sale a recibirlos y deja una nota escrita en el cristal de la puerta que entristece mucho a Varda al recordarle a su difunto esposo, Jacques Demy. Esto no evita que la realizadora insista en que sigue guardando un gran recuerdo de Godard y se permita incluir un simpático homenaje a Banda aparte (1964) con la escena que ella y JR filman por las salas del Museo del Louvre.

Varda y JR incluyen algunos sencillos elementos de ficción, e incluso de metaficción, en este documental que destaca también por su gran sentido del humor y humanismo. A pesar de su longeva edad -90 años-, la realizadora de la Nouvelle Vague demuestra una vitalidad y una energía que nada tienen que envidiar a las del joven JR. Un trabajo exquisito.

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