Posteado el 29 noviembre, 2017 Por en Críticas con 29 Visitas

Cézanne y yo

CÉZANNE Y YO (“Cézanne et moi”), de Danièle Thompson. 2015.

Danièle Thompson nos presenta la amistad a lo largo de cincuenta años entre el escritor Émile Zola y el pintor post-impresionista Paul Cézanne. Desde su infancia en la Provenza, la película nos muestra el paulatino distanciamiento entre ambos genios: Zola, de origen humilde, acaba aprovechándose de la burguesía que siempre había criticado, mientras que Cézanne, de familia aristocrática, se olvida de sus orígenes y se centra únicamente en su arte, muriendo en la miseria y sin reconocimiento alguno.

La película empieza con un encuentro imaginario entre ambos en 1888, dos años después de que Cézanne se distanciara de Zola por el contenido de La obra –en el que el escritor presenta un alter ego de Cézanne como protagonista, mostrándolo como un fracasado-, y a partir de aquí juega constantemente con flashbacks que se remontan a capítulos de su infancia y adolescencia.

La realizadora, especializada en el terreno de la comedia (Jet lag, 2002; Cena de amigos, 2009), cambia de tercio después de años tomando notas acerca de estos dos artistas fundamentales del siglo XIX, para lo que contó con la inestimable ayuda del historiador Michel Fraisset. Fascinada por su ambigua y dolorosa historia de amistad, Thompson recrea sus obsesiones y desavenencias hasta que sus caminos se separan definitivamente. Al igual que Zola se tomó sus libertades escribiendo su novela La obra, inspirada en sus discusiones con Cézanne, el guion fabula libremente sobre la trayectoria de ambos, cayendo en la trampa que suele lastrar a la mayoría de biopics al uso: el film es una colección de escenas estereotipadas y carentes de realismo en las que se tocan demasiados temas pero sin un acercamiento concreto de lo potencialmente llamativo para el espectador.

En este sentido, los enfados y la relación de amor-odio entre ambos artistas resulta algo exagerada y la historia no sabe adentrarse en otros temas de mayor calado, tales como la defensa en sus primeros años del arte impresionista por parte de Zola y el contraste con su posterior repudio al movimiento, principal motivo de las disputas que surgieron entre ambos amigos. Figuras como Renoir, Maupassant o Manet circulan de puntillas por el film, y lo hacen pecando de una frivolidad que perjudica gravemente el conjunto final.

La interpretación de ambos actores, Guillaume Canet como Zola y Guillaume Gallienne como Cézanne, es bastante digna -calidad no les falta-, pero tampoco recordaremos su trabajo como papeles indispensables en su carrera debido a los clichés que lastran la construcción de sus personajes y a los estereotipados diálogos que mantienen a lo largo del film. La verdadera atmósfera de la película nos la proporciona una asombrosamente bella fotografía exterior de la Provenza, a cargo de Jean-Marie Dreujou, y la certera música de Éric Neveux.

En resumen, Cézanne y yo es una visión libre y muy personal de Danièle Thompson sobre dos maneras antagónicas de entender el mundo del arte, elaborada a partir de la amistad entre estos dos genios, aunque la realizadora apenas logra trazar unas débiles pinceladas de una historia que debería haber dado mucho más de sí. Irregular.

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