Posteado el 20 mayo, 2017 Por en Cine Europeo con 804 Visitas

“El cielo sobre Berlín” (1987)

Wenders y Handke conciben el guión

Después de una temporada en Estados Unidos, donde había rodado la brillante París, Texas (1984), Wim Wenders regresaba a su Alemania natal para rodar una película en Berlín, todavía dividida por el Muro. La película iba a tratar de un grupo de ángeles inmortales que sobrevolaban la ciudad escuchando los pensamientos de los habitantes de la ciudad, una ciudad todavía deprimida por el peso de la guerra y la historia. Los ángeles, invisibles para los adultos y solamente visibles para los niños como metáfora de la inocencia, tratan de consolar a los habitantes de una ciudad dividida en dos partes, con espacios desiertos y muros infranqueables por doquier.

Wenders quería contar con la colaboración del escritor Peter Handke para la elaboración del guion; éste no aceptó escribirlo íntegramente, pero accedió a contribuir escribiendo un número considerable de escenas. Asimismo, es también autor del poema que se repite a lo largo de la historia, “Canción de la infancia”. Este era el lirismo con el que el realizador quería impregnar todo el trabajo. El guión era bastante minimalista, y lo importante en esta película es la creación de una atmósfera que dé cabida a los pensamientos, sentimientos y estados de ánimo de los ángeles y ciudadanos de la gran urbe germana. Por otra parte, el título parece estar inspirado en un libro de Stephen Crane llamado “El rojo emblema del valor” (1896), donde se utiliza la expresión “swift wings of desire”.

El juego cromático

La fotografía, uno de los aspectos clave de la película, corrió a cargo del veterano Henri Alekan, artífice de La bella y la bestia de Jean Cocteau, que contaba con 77 años cuando realizó el trabajo. El punto de vista de los ángeles estaba filmado en monocroma, con una tonalidad sepia conseguida gracias a la utilización de unas medias como filtro. Por el contrario, las escenas que comprenden el punto de vista de los humanos están rodadas en color. Filmar el Muro de Berlín estaba prohibido, por lo que se tuvieron que realizar dos réplicas cercanas al original. La primera de ellas, realizada en madera, se estropeó con la lluvia y tuvieron que reemplazarla por otra.

Ángeles y humanos

El reparto lo encabeza Bruno Ganz, que interpreta a Damiel, un ángel que se enamora de la trapecista humana del circo Alekan (llamado así por el director de fotografía), Marion (Solveig Dommartin). Hacia el final del film, Damiel conseguirá su propósito y empieza a ver los colores, sentir los olores, tomar un café, e incluso averigua qué es la sangre. Su transformación identifica la importancia de sentirse vivo y el anhelo por vivir emociones. Su personaje es el contrapunto de otro ángel, Cassiel (Otto Sander), que se siente culpable por no haber podido evitar el suicidio de un chico atormentado. Los dos ángeles son el testimonio de una ciudad y la meditación sobre su pasado, su presente y su futuro, pues ellos habitaban Berlín antes de que ésta fuera fundada.

Paralelamente, la película nos presenta el personaje de Peter Falk, que se interpreta a sí mismo en un papel que lo lleva hasta Berlín para realizar una película sobre la Alemania nazi. Los habitantes lo reconocen como al teniente Colombo, y posteriormente, se revelará que él también fue un ángel que renunció a la inmortalidad para experimenar la vida real. Esta experiencia sirve como espejo para Damiel cuando adopta su nueva condición.

Otro de los personajes importantes de la historia es el Homero octagenario (Curt Bois) que busca entre la desolación de Potsdamer Platz, totalmente arrasada, su antiguo esplendor, y los cafés donde solía charlar y filosofar sobre la vida. El personaje sirve de enlace entre la memoria y la actualidad, tanto en la biblioteca como en sus paseos por Berlín acompañado por el invisible Cassiel. Curt Bois rememora el emblemático café Josty y los comercios y cervecerías de su época, haciendo de Potsdamer Platz un corazón, que habiendo latido con fuerza, muere y resucita dejando tras de sí una densa estela de memoria histórica.

La película cuenta con la participación de Nick Cave, que interpreta la canción “From her to eternity” en el bar donde Damiel y la trapecista intiman. Posteriormente, escenas de este film sirvieron para ilustrar el videoclip de la canción que U2 compuso para la secuela, Premio del Jurado en Cannes, In weiter Ferne, so Nah… (1993), llamada “Stay”, en la que vemos a los ángeles sobre la estatua de la Siegessäule y sobre el tejado destruido de la Kaiser-Wilhelm-GedächtnisKirche. El final de El cielo sobre Berlín anuncia “Continuará”, aludiendo al largometraje que le sucede.

Berlín, una ciudad que se recupera de sus heridas

Y es que ante todo, la verdadera protagonista de la película es la mágica ciudad de Berlín, una ciudad masacrada por la guerra que lleva años luchando para recuperar su esplendor. El encanto de la capital alemana es innegable, y en la película encontramos muchas localizaciones, como la Staatsbibliothek, el Hotel Esplanade, una desolada Potsdamer Platz, el Theodor-Wolff Park donde se levanta la carpa del circo, a escasos metros de la Mehringplatz, la Anhalter Bahnhof, de la que únicamente se conserva un trozo de la fachada principal y el Lohmühlenbrücke.

El film de Wenders es el que mejor retrata una ciudad que se está recuperando de sus heridas. Una de las tentaciones de Wenders es introducirse en la Biblioteca Estatal, el maravilloso edificio de Hans Scharoun a base de travellings y panorámicas que visualizan la mirada de los ángeles, que pasean y ayudan a los lectores. En el comienzo de la película se muestra un primer plano de Damiel, que está en lo alto de la ruinosa torre memorial del kaiser Guillermo II y mira hacia abajo, a las calles. Éste es el punto de vista de la película: el de los ángeles adultos pero aniñados que contemplan y envidian la vida y muerte de los hombres.

El cielo sobre Berlín se convirtió en un clásico instantáneo gracias al buen recibimiento de la crítica y sus numerosos premios, entre los que destacamos el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes y en los Premios del Cine Europeo.

Lamentablemente, el remake que se realizó en USA en 1998 fue, como no podía ser de otra forma, infumable. Llevaba por título City of angels, y estaba protagonizado por Meg Ryan y Nicolas Cage, con la ciudad de Los Angeles como telón de fondo. La película mantuvo algunos aspectos como el tema de los ángeles observando a humanos, una escena en una biblioteca y la historia de amor, pero fue una adaptación libre diferente al film de Wenders, que es infinitamente superior.

Para finalizar, me quedo con esta frase que resume el deseo de los ángeles de llevar una vida real, llena de color y emociones, ya sean buenas o malas: “Mirar desde arriba no es mirar. Hay que mirar a la altura de otros ojos.”

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