Posteado el 31 octubre, 2016 Por en Críticas con 296 Visitas

Blair witch

BLAIR WITCH

BLAIR WITCH, de Adam Wingard. 2016.

Reiterativo regreso a los bosques de Maryland

Dejando de lado la infumable “El libro de las sombras” (2000), llega casi 20 años después la secuela de “Blair witch project” (1999), una de las películas más rentables de la historia del cine y que supuso el nacimiento de una nueva forma de narrar el horror a través del found footage (con permiso, claro, de Ruggero Deodato y su película de culto “Holocausto Caníbal”). Adam Wingard es el responsable de adentrarnos de nuevo en los temibles bosques de Maryland, en los que un grupo de jóvenes liderados por James (James Allen McCure), intentarán averiguar qué sucedió exactamente con la hermana de éste, Heather, y su equipo de cámaras, mientras rodaban un reportaje sobre brujería en la pequeña localidad de Burkittsville.

No nos engañemos: poco es lo nuevo que Wingard puede ofrecernos en esta entrega, aunque la película tampoco es el desastre de grandes dimensiones que cabría esperar al abusar de nuevo de una técnica narrativa que parece caduca desde hace algunos años. El realizador tiene una gran idea al introducir nuevas tecnologías, sobre todo la del dron que filma desde el aire y que nos proporcionará algún pequeño sobresalto a lo largo de la historia. El resto del metraje es un ejercicio un tanto reiterativo que nos acabará conduciendo al clímax de la película, en el que recobramos momentos de tensión que no desmerecen finalmente el esfuerzo de Wingard.

Unos 15 años después de la desaparición de Heather y su equipo en los bosques de Black Hills, su hermano James descubre a través de youtube unos videos grabados por unos lugareños en los que parece mostrarse la casa donde supuestamente fueron torturados los jóvenes, casa de la que nunca se encontró rastro alguno. Al citarse para esclarecer el asunto, la extraña pareja se sumará al grupo de James para acompañarlos a través del bosque, un elemento inquietante con el que Wingard juega de forma desigual, tratando de despistarnos por momentos. Durante los dos primeros tercios de la película muchas situaciones son una revisión de la original, en la que parecía no suceder nada extraordinario, aunque la percepción del espectador era totalmente la opuesta.

El juego con los sonidos nocturnos, la extraña herida de una de las jóvenes y la sospecha de que algo ocurre (nada bueno) con la pareja local llega al clímax en el último tercio del film, en el que Wingard se permite avanzar modestamente en algunos temas. El guión añade una alteración del tiempo lineal y elementos propios de magia vudú, hasta el reencuentro fatídico con la casa de marras, en la que se suceden las escenas más escalofriantes del film, no aptas especialmente para espectadores claustrofóbicos. Son los mejores momentos de la película, y consiguen que el regusto final sea mejor de lo que esperábamos.

En definitiva, y aunque Wingard no puede revivir el espíritu novedoso de la película de Daniel Myrick, tampoco fracasa del todo al tratar de ser imaginativo en algunas escenas, consiguiendo por lo menos mantenernos en vilo en el último tercio de la película. Sin embargo, los más puristas del género verán seguramente en este “Blair witch” una aburrida repetición del título original, pero en ningún caso una reinvención de una buena historia. Pasable.

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