Posteado el 23 mayo, 2017 Por en Críticas con 260 Visitas

El caso Sloane

EL CASO SLOANE (“Miss Sloane”), de John Madden. 2016.

Es justo empezar señalando que Jessica Chastain es la estrella indiscutible del nuevo film del británico John Madden. Estamos ante una de esas ocasiones en que la posibilidad de que otra actriz hubiera ocupado su lugar bajaría indudablemente el nivel final de la película. Chastain lo es todo y desde Zero dark thirty (Kathryn Bigelow, 2012), no había tenido un protagonismo tan absoluto en un film. El caso Sloane es un thriller político en el que se dan a conocer los entresijos del trabajo de un lobbyist, persona que se encarga de presionar al gobierno para influenciar en la aprobación de leyes; este colectivo es una especie de élite en la sombra, y en este campo, Madeleine Elizabeth Sloane, papel que interpreta Chastain, es la mejor.

John Madden trabaja con un sorprendente (tratándose del primero que escribe) guión del también inglés Jonathan Perera, donde los diálogos entre los personajes se intercambian como puñales a una velocidad difícil de seguir en algunas ocasiones por el espectador. Jonathan Perera nos lleva por los pasillos del Congreso de los EE.UU. y a los bufetes de Washington, donde Sloane pretende modificar una ley que puede cambiar el derecho a la posesión de armas. Para ello, hará todo lo que sea preciso. El punto de vista, al tratarse de un equipo eminentemente europeo, es diferente al que solemos tener de la política USA, aunque de reojo nos vienen a la mente obras de mayor calidad como El último testigo (1974) y Todos los hombres del presidente (1976), ambas de Alan J. Pakula.

Uno de los pecados del film es evidenciar un anhelo permanente de ser más listo que la audiencia, siempre intenta ir por delante, y en conjunto, tanta sorpresa a veces acaba por provocar el efecto contrario al esperado.

Pero afortunadamente, y esto supone un gran acierto del film, la trama prioriza la acción a la crítica política, a sabiendas, en parte, de que la realidad siempre supera a la ficción, y más en los tiempos que corren; nadie se fía de la política. El resultado de este punto de vista es que el film resulta en líneas generales tremendamente entretenido, a lo que contribuye que no cargue con la a veces pesada etiqueta de “basada en hechos reales”, muy propensa a suavizar los retratos de las personas involucradas.

El film está estructurado en continuos saltos temporales, empezando por una introduicción al juicio a Sloane, seguida del repaso de los hechos que han llevado a esa situación y rematado con un epílogo final que cambia totalmente nuestra perspectiva de los hechos, con giro de guión incluído. Quizás demasiado pretenciosa, sí, pero efectiva, ya que no faltan ingredientes para mantener en vilo al espectador.

El personaje de Sloane monopoliza toda la acción, y aunque a veces resulta poco creíble por su falta total de escrúpulos, la fuerza del personaje puede más, a la par que propicia que disfrutemos de la infinita gama de matices de la interpretación de Chastain. En el fondo, nos encanta su inhumanidad y el vuelco final en el que parece recobrar algo de humanidad le aporta la necesaria dosis de empatía al espectador. El trabajo de montaje de Alexander Berner ayuda a hacer muy fluida la constante verborrea de Sloane, en lo que es otro elemento a destacar de la película. El resto de los personajes secundarios también brilla con luz propia (John Lithgow, Sam Waterston, Michael Stuhlbarg), en un film en el que todos ellos encuentran el momento para su lucimiento.

En definitiva, Miss Sloane es un intenso thriller político lleno de batallas verbales y monólogos memorables, bien dirigido y bien interpretado, con un personaje conductor que atraviesa todas las líneas de la ética posible para denunciar leyes también reprobables. Obviando las comentadas licencias de la trama, el film resulta un producto de entretenimiento de primera línea.

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