Posteado el 12 enero, 2016 Por en Críticas, Estrenos con 654 Visitas

Crítica de “45 años”

45 YEARS

45 AÑOS (“45 years”), de Andrew Haigh. 2015.

El único “pero” que tiene “45 años” es que su modestia haga creer al espectador que es una película menor, porque la realidad es que estamos ante una de las mejores películas de los últimos meses. Andrew Haigh, que ya fue aclamado años atrás con “Weekend” (2011), donde  retrataba 48 horas en la vida de una pareja homosexual interpretada por Tom Cullen y Chris New, regresa con la misma inteligencia adaptando un relato corto de David Constantine sobre la verdad (o la ausencia de ella) en las relaciones de pareja.

Podemos decir sin tapujos que Charlotte Rampling, espléndida a todos los niveles, tanto en el físico como en el interpretativo, es la esencia de “45 horas”, pero sería una injusticia no poner al mismo nivel a un sobresaliente Tom Courtenay, que también brilla con luz propia en el papel co-protagonista. La película es directa, y con una sencillez formal sin fisuras nos revela en poco metraje mucho acerca de todo lo que nos afecta e importa de la vida en pareja. Y de cómo un hecho fortuito sucedido muchos años atrás es capaz de moldear nuestras vidas de forma distinta. Éste es precisamente el leitmotiv de la historia: el descubrimiento, 50 años después, del cadáver congelado de Katya, una ex novia alemana de Geoff, con la que tenía unos planes de futuro que fueron truncados por tan fatal accidente. La película trata de cómo podemos cuestionar nuestra felicidad, saboreada día a día, por las dudas que nos asaltan al descubrir un pasaje (silenciado en su momento) de la vida de nuestra pareja. Y cómo este desasosiego puede transformar en negativas muchas de las experiencias disfrutadas.

La acción de la película abarca una semana de lunes a sábado que culminará con la celebración del 45º aniversario de casados de la pareja. Las noticias que llegan de Suiza consiguen romper con su rutina diaria, y entonces descubrimos que el evocador sonido de las diapositivas en los créditos iniciales ya nos anticipaban el regreso de un recuerdo del pasado que amenazaría la estabilidad de la pareja. Del mismo modo, Haigh juega con este aspecto en la escena del desván, donde Kate descubrirá más hechos del pasado de su marido que la sumirán en una profunda desconfianza.

El film resulta tan real como la vida misma, y encantadoramente triste, como triste es el paso del tiempo y la pérdida de confianza en los seres queridos. Triste como la última escena del baile al son de “Smoke gets in your eyes”, de The Platters, la melodía que sonaba el día que se conoció la pareja, y que ahora tiene un irremediable sabor amargo.

En definitiva, “45 años” es una sólida historia con estilo propio en el que reconocemos muchas de la sensaciones dentro de la vida marital, y que debería optar a todos los premios posibles en ambas categorías de interpretación protagonista, tal y como consiguieron en el pasado Festival de Berlin.

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