Posteado el 8 septiembre, 2016 Por en Críticas con 324 Visitas

Café Society

CAFÉ SOCIETY

CAFÉ SOCIETY, de Woody Allen. 2016.

“Café Society” es un digno trabajo dentro de la prolífica carrera de Woody Allen, venido a menos en los últimos tiempos y es que nadie lo cree capaz de alcanzar de nuevo la brillantez de algunos de sus mejores films como “Annie Hall” (1977), “Manhattan” (1979) o “Hannah y sus hermanas” (1986). Sin embargo, estamos ante una de sus películas más bonitas de los últimos años, gracias a una cuidada puesta en escena (nos tenía acostumbrados en los últimos trabajos a ambientaciones demasiado austeras), en la que brilla con luz propia la excelente fotografía de Vittorio Storaro, que nos pasea por el Nueva York y el Hollywood de los años 30 de forma magistral.

La película tiene algo del espíritu de “Midnight en Paris” (2011), pero con un tono más realista y triste. Podríamos decir que “Café Society” está impregnada de un clasicismo ciertamente renovado dentro de su trayectoria. Sin ser una película autobiográfica, Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg) tiene todos los tics que conocemos del guionista y director, que es en definitiva el narrador en tercera persona del film. La narración se funde a la perfección con la interpretación de Eisenberg, y la verdad es que no se me ocurre un mejor actor que no sea Woody para hacer de Woody. El joven soñador se traslada desde su casa familiar del Bronx a Los Angeles para buscar fortuna al lado de su tío, el magnate representante de estrellas de cine Phil Stern (excelente Steve Carell), con el que Allen rinde homenaje al cine clásico, a la vez que critica la superficialidad de ciertas relaciones profesionales. Stern le ofrece a su sobrino la oportunidad de trabajar a su lado, y así conoce a su secretaria Vonnie (Kristen Stewart), de la que se enamora perdidamente mientras ésta le enseña cómo es la vida de las celebrities en Los Angeles. Para complicar la cosa, Vonnie mantiene desde hace un año una relación secreta con Stern, por lo que al final tendrá que decidirse entre el pragmatismo que le ofrece uno y el romanticismo que desprende el otro. Pese a ser una actriz que no me gusta ni un pelo, su trabajo (del que Allen pretende decir mucho a través de sus tristes ojos) resulta correcto en líneas generales, aunque finalmente el personaje decae en una cierta superficialidad que resta a la interpretación de la actriz.

Posiblemente la historia principal está un poco cogida con pinzas (lo que imposibilita cualquier tipo de empatía), y se cambia de escenario con cierta ligereza, aunque esto último sirve para dar paso a otras historias y personajes paralelos que maquillan el producto final con más o menos fortuna. En estas historias subyacentes se repiten algunos de los temas que han marcado la trayectoria de Allen, como el significado del éxito, la búsqueda de uno mismo, el nacimiento del amor y los estragos que éste puede ocasionar, y es que en esencia “Café Society” es una historia de amor enfrentada a las paradojas de la vida.

Como suele ocurrir en muchos trabajos de la cinematografía de Allen, es muy destacable el trabajo de algunos secundarios, Carell aparte (ya he dicho que está soberbio), como Parker Posey, Blake Lively, Jeannie Berlin y Corell Stoll, algunos de los cuales sirven para canalizar los típicos guiños que el cineasta dedica a la religión, a su gusto por el jazz y al mundo de las mafias, aunque el tratamiento de este último es tan banal y anecdótico que prácticamente roza lo ridículo.

En definitiva, “Café Society”, aunque es una película menor, se deja ver gracias a su gran gusto estético y a unas grandes interpretaciones, que se conjugan perfectamente en imágenes memorables como la cita de la pareja de jóvenes enamorados en un puente de Central Park (edificio San Remo incluído), imágenes de una bella Nueva York que nadie como Allen ha sabido retratar de una forma tan mágica y memorable.

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