Posteado el 8 marzo, 2017 Por en Críticas con 233 Visitas

Christine

CHRISTINE, de Antonio Campos. 2016.

El retrato del camino hacia un colapso mental

Antonio Campos lleva a la gran pantalla la terrible historia de Christine Chubbuck, la periodista estadounidense que se suicidó en directo mientras presentaba un programa de televisión en 1974. Christine ha sido una de las cintas más aclamadas en el circuito de cine independiente de los últimos meses, y no le faltan poderosas razones para ello.

Empezaré destacando que el trabajo de Rebecca Hall es imponente; ella es, básicamente, la película, la cual necesita de una interpretación de este nivel para que creamos en esta historia, y Hall lo consigue con creces, mostrando todos los matices posibles del personaje, una (auto)exigente reportera de Sarasota (Florida) superada por los acontecimientos que la rodean. Christine lucha por hacerse un hueco en el mundo de la comunicación proclamando un periodismo serio y de calidad, pero la crisis de audiencia de su cadena requiere que el equipo busque noticias más sensacionalistas. Continuamente tiene enfrentamientos con su jefe Michael (un excelente Tracy Letts), una complicada relación laboral que nos deleita con los mejores diálogos de la película, con argumentaciones que hoy en día todavía resultan válidas para cuestionar el trabajo periodístico.

La terrible competencia por conseguir un ascenso que ella cree merecido, el platónico enamoramiento de su compañero George (Michael C. Hall) y una tumultosa relación con su madre Peg (J. Smith-Cameron) son los elementos que jugarán en contra de la estabilidad emocional de Christine, sobre la que flota en el ambiente la insinuación de que ya tuvo un episodio complicado de crisis cuando trabajaba en Boston.

El guionista Craig Shilowich investigó a fondo la biografía de Christine Chubbuck, especialmente a través de un documental titulado Boulevard of broken dreams, donde se le dedicaba una de las partes a la malograda periodista. Tras entrevistar en Sarasota a personas del entorno de Chubbuck, Shilowich escribió el guión definitivo, ya con Antonio Campos en el proyecto. Más allá de la exactitud de los elementos biográficos, la construcción de la historia es muy sólida; obtenemos un retrato preciso y evolutivo de los matices que condujeron a la periodista a tomar tan terrible decisión.

El espléndido trabajo de Hall se basa en el estudio que la actriz realizó de algunos reportajes que Chubbuck había realizado para su sección “Suncoast digest” y que también aparecen en el film. La interpretación es compleja, pues además de dejar entrever las inseguridades y debilidad que le provocaban fuertes crisis, también sabe mostrar el talento de una mujer madura que anhelaba el éxito profesional. Todo ello, además, complementado con las secuelas de una dura enfermedad física que también contribuía a mermar su estado anímico.

El film no tiene fisuras y está perfectamente ambientado; por un lado, resulta incómodo para el espectador en algunos pasajes, pero tampoco renuncia a dosis de fina ironía que nos proporcionan otras escenas realmente divertidas. El equilibrio entre los dos aspectos está bien calibrado, y aunque quizás la historia nos hiciera pensar en un principio que podría caer con facilidad en el sensacionalismo, el acercamiento sombrío que Hall y Campos nos brindan a un personaje cercano al colapso es digno y comedido. Recomendable.

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