Posteado el 22 marzo, 2017 Por en Críticas con 274 Visitas

Crudo

GRAVE CARÁTULA

CRUDO (“Grave”), de Julie Ducournau. 2016.

Una brutal propuesta sobre la identidad, el cuerpo y la sexualidad

El debut de Julie Ducournau en el largometraje viene cargado de polémica por la trayectoria que ha tenido el film por distintos festivales, especialmente en el de Toronto, donde la (mala) publicidad anunciaba que algunos espectadores habían sufrido desmayos durante el visionado de la cinta. Este discutible argumento de promoción, que provocó que mucha gente empezara a hablar de la película desde hace meses, supone por otro lado el peor favor que se le puede hacer a nivel artístico, pues destacar únicamente su componente gore, no apto para estómagos sensibles, es restarle valor al conjunto de forma muy injusta. Aunque no se puede soslayar, evidentemente, su clara intención de epatar, Crudo es eso y mucho más, afortunadamente.

La película presume de una agudeza y una inteligencia muy superior a la media predominante. La de Ducournau es una propuesta sobre la sexualidad, la conciencia y la aceptación del cuerpo (tanto del propio como del ajeno); en definitiva, un coming-of-age en toda regla. No es casualidad que la protagonista se llame Justine (Garance Marillier) como la desdichada heroína de la obra del Marqués de Sade, y como ocurría con aquélla, la suya es una historia sobre la evolución interior y el descubrimiento del gusto por prácticas aberrantes que obedecen a su naturaleza más intrínseca.

Justine es una disciplinada estudiante de veterinaria vegana, como el resto de su familia. Al comenzar el primer año en la facultad, donde coincide con su hermana mayor Alexia (Ella Rumpf), ya en segundo curso, la protagonista empieza a experimentar un gusto por el consumo de carne cruda. La experiencia en la facultad, donde comparte habitación con su amigo gay Adrien (Rabah Nait Oufella), es una forma de liberación de la vigilancia paterna, un camino para descubrirse a sí misma. Alejada de los elementos propios del cine de terror, Crudo nos ofrece una ambientación asfixiante e hipnótica, carente de realismo, para que de este modo nos centremos en la evolución interior de la protagonista, la cual es principalmente la razón de ser del film.

Ducournau, quien asegura que de pequeñita se quedó fascinada viendo La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), cita como una de sus influencias la poética de la Nueva Carne de Cronenberg, y crea un universo estilísticamente innovador que cumple su función a la perfección. La música, protagonista principal en las extremas fiestas universitarias, donde también se castiga a los novatos en una especie de protocolo tribal en el que se consiente la brutalidad (los adultos nunca participan de esta realidad), canaliza una sensación de angustia que también experimentamos con las escenas impactantes del film. En especial, el pasaje musical en la escena en la que Justine baila delante del espejo, más que sensualmente, al ritmo de la brutal “Plus putes que toutes les putes” del dúo Orties, certificando su definitiva pérdida de la inocencia y un futuro abocado a la lujuria, es realmente fascinante.

La relación enre las hermanas es otro de los puntos álgidos del film. Justine busca en Alexia una guía y una protección, y así ocurre, pero ésta la empuja, siguiendo su naturaleza, hacia un camino totalmente inesperado que nada tiene que ver con el trazado por sus padres. El espectador fan de Cronenberg sabrá reconocer referencias y pequeños homenajes al maestro, como en la escena de la carretera, una de las más violentas del conjunto, o en las secuencias en las que los estudiantes llevan a cabo prácticas con material quirúrgico.

La realizadora, que utiliza la “inocente” degustación de un trozo de riñón de conejo para desatar la voracidad de Justine, se exhibe con escenas de una gran brutalidad (entre todas, la depilación de ingles quizás se lleva la palma), pero sabe también hilar fino con un humor negro que raya a gran nivel sin echar por tierra la construcción de unos mecanismos con los que reflexiona sobre la libertad, la obediencia, la rebeldía y el instinto.

En definitiva, Crudo no es simplemente una película sobre el tránsito hacia la vida adulta, sino todo un viaje interior con una ambientación onírica en el que se cuestiona una gran variedad de temas, resultando además tremendamente entretenida. ¿Qué más se le puede pedir?

Eso sí, hay que saber degustarla…

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