Posteado el 17 mayo, 2017 Por en Críticas con 224 Visitas

Daguerrotype

DAGUERROTYPE (“Le secret de la chambre noire”), de Kiyoshi Kurosawa. 2016.

Un confuso relato de ambientación fantasmagórica que se pierde en irrelevantes subtramas

Kiyoshi Kurosawa abandona su Japón natal para rodar en francés Le secret de la chambre noire, un film inédito en España con un marcado toque clásico que ambiciona mezclar elementos, y que, desafortunadamente, lo hace de forma irregular.

La acción transcurre en un barrio de las afueras de París, donde Stéphane, un veterano fotógrafo interpretado por Olivier Gourmet, vive obsesionado con el arte de los daguerrotipos. Al mismo tiempo, Stéphane está atormentado por la extraña muerte de su esposa, de la que conserva una imagen que es uno de los elementos más perturbadores del film. Jean (Tahar Rahim), conocido principalmente por su gran papel en El profeta (Jacques Audiard, 2009), entra a trabajar en la mansión como aprendiz, y así conoce a Marie (Constance Rousseau), hija del fotógrafo, que se pasa largas horas posando inmovilizada por un arcaico e inquietante artilugio para que su padre la pueda fotografiar a tamaño real.

Mientras el film transcurre por el terreno de lo fantasmagórico, y gracias a la belleza de sus imágenes, Daguerrotype funciona con bastante solvencia. Sin embargo, cuando el guión empieza a incorporar elementos más terrenales, como el amor y la codicia, que dejan en segundo plano el interés que suscita la técnica del daguerrotipo y las apariciones espectrales de la esposa muerta, la película tiende al caos, perdiendo muchos enteros y resultando incoherente en algunos pasajes.

El personaje de Tahar Rahim se desdibuja por momentos, y su tránsito hacia la locura, en el que será incapaz de discernir entre realidad y ficción, consigue desconcertar, más que inquietar, al espectador. La codicia que le empuja a urdir un plan de futuro y su irregular historia de amor con Marie son elementos cogidos con pinzas en el guión que afectan severamente al conjunto final. Igualmente, el resto de los personajes, como la trama, flaquean, provocando situaciones que no tienen ninguna relevancia final y que nos dan la sensación de que el guión se trabajó de forma muy trabada.

En conjunto, es una pena que Kurosawa no se haya dejado llevar sólo por elementos propios de su cine que tan bien domina, tales como la relación de los vivos con la muerte, el acercamiento a lo sobrenatural y la obsesión con el más allá. Daguerrotype funciona como atmósfera, pero como trama no consigue mantenernos en tensión pues se pierde en una serie de subtramas que provocan nuestra falta de interés. Es una lástima, porque el realizador nipón ha perdido una gran oportunidad de firmar una memorable película sobre fantasmas y casas embrujadas. Confusa.

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