Posteado el 30 julio, 2017 Por en Críticas con 229 Visitas

Dunkerque

DUNKERQUE (“Dunkirk”), de Christopher Nolan. 2017.

Espectacular ejercicio sobre la supervivencia en un conflicto bélico

Podemos decir que Dunkerque es hasta la fecha la película más personal dentro de la filmografía de Christopher Nolan, ese tipo de films que únicamente a directores de sobrada experiencia como el londinense se les permite rodar. Un film de esencia muy británica que propone un meritorio ejercicio sobre la supervivencia en un conflicto bélico.

Nolan pretende captar los momentos de vacío y angustia ante la guerra, y cómo la acción colectiva y el coraje consiguen vencer la adversidad. La batalla de Dunkerque es la historia de una derrota que los ingleses vivieron como una victoria (no hay más que ver el recibimiento que tienen los soldados al llegar en tren al final de la película). Al poco tiempo de ocupar Churchill su cargo de Primer Ministro, se llevó a cabo la llamada Operación Dinamo, mediante la cual más de 300.000 soldados británicos fueron rescatados de la playa de Dunkerque, en la costa norte de Francia (apenas a 30 km. de las costas inglesas). El rescate fue realizado por embarcaciones de todo tipo, incluso de recreo, que salvaron a los soldados del acecho alemán, que acorralaba a las tropas británicas a poco más de 10 km. de su posición en la playa. Posteriormente, este exitoso retiro propició que los británicos se recompusieran y acabaran ganando la guerra en el bando de los Aliados.

El realizador se apoya en un minucioso diseño de producción de Nathan Crowley para narrar los acontecimientos desde tres frentes: el mar, donde las embarcaciones tratan de rescatar a los soldados; el espigón, donde éstos se hacinan esperando ser rescatados, y el aire, donde los aviadores, entre los que se encuentra Farrier (Tom Hardy), intentan dar caza a los aviones alemanes que amenazan con bombardear los barcos ingleses. Para ello utilizaron infinidad de maquetas y se escribió un guión en principio corto, muy parco en diálogos, posiblemente el guión más breve con el que Nolan ha filmado nunca. Uno de los logros del film es la peculiar estructura temporal con la que el director vuelve a sorprendernos, como viene haciendo desde sus inicios con la sobresaliente Memento (2000). Estos tres puntos de vista (tierra, mar y aire) forman parte de un montaje paralelo, aunque cada una de ellas corresponde a una franja temporal distinta (una semana, un día y una hora). Aunque a alguien podrá causarle cierta confusión, este rescurso le permite a Nolan algún golpe de efecto narrativo interesante.

La película hace gala de un despliegue técnico asombroso, inigualable. Rodada en formato IMAX (su visionado en 70 mm. es espectacular), alcanza las cotas más altas imaginables en lo que concierne a imagen y sonido. La fotografía de Hoyte van Hoytema es magnífica, engrandecida por algunos grandes picados de Nolan (me quedo personalmente con el del espigón) y la banda sonora de Hans Zimmer es un personaje más, posiblemente el mejor personaje de la película; sencillamente soberbia, si esto no es de Oscar, que baje Dios y lo vea… Sin embargo, llegados a este punto hay que preguntarse: ¿Estamos ante la obra maestra que casi todo el mundo comenta? ¿Sería Dunkerque tan expresiva sin la música de Zimmer?

El problema de Dunkerque, por el cual no alcanza la nota máxima, es que las pinceladas de historias personales no consiguen conmovernos como Nolan pretende. El documento bélico es maravilloso, pero el realizador, además, pretende emocionarnos con el relato de algunos de los personajes involucrados en la batalla, y ahí el resultado es irregular. Siendo sin duda la más interesante la historia de los dos jóvenes que intentan salvar el pellejo, interpretados por Fionn Whitehead y Anweurin Barnard (este último, un francés que se hace pasar por soldado británico), flaquea la historia del personaje de Cillian Murphy, rescatado de las aguas por Mark Rylance y su hijo. Tampoco parece aprovechado el talento de Tom Hardy, que da vida a un personaje plano de poca personalidad, totalmente olvidable. Sí resulta más emotivo el episodio que tiene que ver con George (Barry Keoghan) a bordo de la embarcación de recreo. Del joven actor se hablará nuevamente cuando se estrene The killing of a sacred deer, de Yorgos Lanthimos, en la que será el inquietante protagonista. La verdad es que el griego tiene buen ojo…

Aunque el género bélico nos ha dejado una larga lista de obras maestras, es inevitable en particular comparar esta cinta con Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) por el impresionante prólogo de la película encabezada por Matt Damon y Tom Hanks. Dunkerque tiene acción de principio a fin, como la primera parte del film de Spielberg, pero no resuelve de forma tan brillante los temas que conciernen a la condición humana. Si bien el documento bélico es insuperable, las historias personales no brillan al mismo nivel, aunque indiscutiblemente estemos ante uno de los acontecimientos del año cinematográfico. Notable, pero no perfecta.

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