Posteado el 27 febrero, 2017 Por en Críticas con 387 Visitas

El viajante

EL VIAJANTE PORTADA

EL VIAJANTE (“Forushande”), de Asghar Farhadi. 2016.

Un retrato de los profundos cambios en la sociedad iraní con la obra de Miller de fondo

Después de rodar en Francia El pasado (2013), Farhadi vuelve a Teherán para ofrecernos El viajante –ganadora en Cannes de los premios a Mejor Guión y Mejor Actor-, una historia aparentemente sencilla ambientada dentro del ámbito del teatro, en la que los protagonistas son una pareja de actores aficionados (también pareja sentimental) que están ensayando Muerte de un viajante de Arthur Miller.

El viajante puede entenderse como un cuento moral con connotaciones de crítica social, en la que se aborda la complejidad de las relaciones humanas; de cómo un suceso traumático puede alterar la confianza de las personas afectadas, como ocurre con la pareja formada por Emad (Shahab Hosseini) y Rana (Taraneh Alidoosti), pertenecientes a la clase social media iraní, y que se verán afectados por un suceso inesperado que sacará a la luz aspectos desconocidos de su personalidad, haciendo temblar los cimientos de su relación.

La elección de la pieza teatral de Miller como telón de fondo no es, evidentemente casual. La obra cuestionaba los traumáticos y rápidos cambios sociales en una América que se desvanecía, acabando con aquellos que no pudieron aclimatarse a la nueva modernidad. Del mismo modo, en la película, el casero comenta en la escena de la mudanza que no entiende en qué se está transformando Teherán, continuamente en obras, opinando que la capital iraní debería destruirse y volver a construir de nuevo.

En la obra teatral Emad y Rana interpretan al viajante y a su esposa, los cuales mantienen una extraña relación familiar; curiosamente en la vida real se encontrarán con una familia que representan al viajante, su mujer e hijos, e influirán de forma decisiva en el destino de ellos. La distorsión del núcleo familiar debido a la insignificancia de las virtudes y los principios morales están presentes tanto en la obra original como en la cinta de Farhadi.

El edificio en el que viven (tanto el que tienen que abandonar por peligro de derrumbe como el nuevo habitaje en el que sufrirán las consecuencias de la desordenada vida de la inquilina anterior) y la ciudad de Teherán son protagonistas en la película, como ya lo fueron en la premiada Nadir y Simin, una separación (2011).

El viajante es impecable a nivel formal; el realizador Farhadi domina la técnica narrativa y nos brinda un fresco de la sociedad iraní lleno de realismo. Sin embargo, inevitablemente la película resulta tediosa en algunos pasajes; sobre todo en la primera hora, quizás un metraje demasiado largo para ilustrarnos el día a día de la pareja antes y después del fatídico incidente. Personalmente creo que el clímax llega con el film demasiado avanzado; éste es sin duda el momento de mayor riqueza del film, pues como espectador analizamos la situación desde los distintos puntos de vista posibles, y somos capaces de empatizar con todos ellos. Al césar lo que es del césar: Farhadi domina con solvencia el retrato de las relaciones humanas…

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