Posteado el 10 enero, 2016 Por en Críticas con 603 Visitas

Star Wars: El despertar de la Fuerza

STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA (“Star wars: The Force Awakens”), J.J. Abrams. 2015.

Cuando George Lucas cedió los derechos a Disney para explotar su franquicia “Star Wars” saltaron todas las alarmas en sus seguidores por si la saga se iba a infantilizar con peluches bailando y cantando pegadizas y alegres canciones. Nada más lejos, el propio Lucas ya había hecho uso de ese tipo de escenas desde el principio, exceptuando el episodio V, el mas oscuro junto al III, que subrayaron, para alegría de todos, el tono más oscuro del argumento, testigo que hábilmente los guionistas de este episodio VII han recogido y amplificado pero con resultados discutibles en cuanto a lo narrado. Los esquemas estéticos y argumentales de “La Guerra de las Galaxias”, como se la conocía con sus tres películas originales, quedaron marcados desde 1977. En las dos secuelas inmediatas a la inicial, Lawrence Kasdan, creador de Indiana Jones junto a Lucas y Spielberg  participó de sus guiones y ahora vuelve a la galaxia más famosa del cine para escribir la nueva entrega. Después de que la linea narrativa original derivara, de una ingenua aventura de corte clásico con buenos muy buenos y malos muy malos perfectamente perfilados, a trifulcas politico-familiares, donde el bien y el mal se mezclaban por el uso de un poder mágico (en una mayor complejidad narrativa, que no lo era tanto), “El Despertar de la Fuerza” retoma esa supuesta complejidad e intenta ir más allá bajo el esquema de la ingenua película de 1977. El resultado es un guión que acaba por ser un refrito, agradable de ver, eso sí, de lo mejor de aquellas tres primeras películas sin arriesgar muchos giros en el desarrollo de la trama, a excepción de cuando hay que insuflar dramatismo. La dosis de drama punta parece impuesta y forzada en una destacada escena donde el relato se aboca en crear una situación, no sólo absurda, si no traidora dentro del espíritu global de la saga.

Lo que han hecho los guionistas J.J. Abrams y Michael Arndt, junto a Kasdan, no sé si calificarlo de jugada hábil o de apuesta insensata por el hecho de no aportar, en realidad, casi nada a la trama, pero está claro que se han movido a tres bandas con una intencionalidad clara y supuestamente inteligente: gustar a todos los públicos posibles de la franquicia, a los que vivimos el estreno de “La Guerra de las Galaxias” (George Lucas, 1977), como ingenua, infantil e inocente aventura sin pretensiones, y también a todos los seguidores que se han ido sumando durante casi 40 años a la mayor historia galáctica jamás contada. La jugada o apuesta actual no está, ahora, tan motivada por la creatividad, imaginación o el arte propiamente en que se basó aquella primera película, sino principalmente en dividendos económicos, sin embargo, ¿en cuántas ocasiones arte y dinero no se han retroalimentado con magníficos resultados para ambos intereses?. En esta ecuación, a la creatividad y a los dividendos hay que añadir las reacciones de ese gran número de seguidores, y ello pesa tanto como si de un gran club de fútbol se tratara, donde tras el pago en taquilla, los fanáticos desean ver lo que se espera sin que se les dé gato por liebre. La película funciona, de hecho todo estaba calculado, y nunca mejor dicho, para que funcionara incluso antes del estreno, una proeza digna de alabar, se sabía que los hinchas irían, pero la cuestión, en realidad, es que queden satisfechos y sigan acudiendo igual, más o mejor en las siguientes citas. El evento es un éxito, pero sobre todo a nivel visual, el trabajo es más que correcto, pero eso se queda cojo, como apuntábamos, en lo que al guión esperado se refiere, flojea, como flojean los nuevos protagonistas en general y los malvados en concreto, encargados de poner a los héroes en danza, y ahí radica parte del problema, además de situar toda la peripecia en una acción que es una revisión pura y dura de lo anterior, el perfil de la encarnación del mal es bastante bajo al listón dejado por los villanos Vader y Palpatine. Entre las diversas actuaciones, los dos personajes centrales (la que se sitúa en el lado del bien y el que se sitúa en el lado del mal), pese a su aceptable incursión en la saga, repiten roles ya vistos y no acaban por imponer su actuación, y entre los secundarios, ninguno acaba de ofrecer el carisma del recurrente Harrison Ford, sobre el que recae la mayor parte del peso de la función, con un injusto recibo a su presencia. Otro motivo que me causa discutible agrado en este nuevo episodio, son los tres nuevos personajes que nos llegan del lado oscuro y es que, si en anteriores entregas, los legendarios villanos mencionados, eran realmente pérfidos y retorcidos, aquí, el personaje más supuestamente malévolo nos sabe a muy, muy poco y muy, muy similar a apariencias vistas en otras sagas de fantasía. Con todo ello, también sabe a poco la presencia de Max Von Sydow, que junto a Guiness, Cushing o Lee, hubiera dado más esplendor estelar el haber sacado mejor jugo a su actuación (presencia de la que, quizás, supuestamente, tendremos más respuestas en próximas entregas). Veremos cuáles sobreviven a la galaxia como lo hicieran en su momento Ford, Fisher y Hamill en paralelo a androides y demás criaturas no humanas con tanto o más protagonismo que el trio original.

La falta de originalidad en el guión, a la hora de retomar la franquicia más emblemática de la historia del cine, decimos que se ha movido inteligentemente a tres bandas principalmente por sembrar constantemente interrogantes a lo largo de lo que vemos en la pantalla para emplazarnos a las siguientes citas (¿en qué escenarios nos movemos y quiénes son los nuevos protagonistas y cuál es su pasado inmediato que los sitúa en sus roles?), por otro lado, crear una puesta en escena calcada del episodio IV de 1977 a modo de homenaje, remake o copia sin más (con escenas, escenarios y roles propios repetidos), y, en un tercer lugar, mostrar todo lo mitificado de aquella trilogía original (personajes, escenarios y contextos) como algo a superar con un universo añorado compuesto de vestigios relegados a la pura ruina o desechos en pro de lo nuevo que no acaba de imponerse en su favor. Todo ello con esa ambiciosa intención de contentar a todos, pese a que todos son un gran número de público suprageneracional y muy exigente en la narrativa de la saga: los que vimos la trilogía original en cines, los que la vieron en VHS, y luego la trilogía “precuela” en cines, y los que hoy verán por primera vez una película de “Star Wars”, como se la conoce ahora, en cines. Entre la primera trilogía (1977-1983) y la segunda (1999-2005), pasaron 16 años, y ahora, entre aquella y el inicio de la tercera trilogía (2015-…), diez años, en total 38 años tras el taquillazo de la primera película. En el imaginario colectivo de los seguidores, tras “El retorno del Jedi” (Richard Marquand, 1983) con la que se finiquitaba la trilogía original, ya existía la idea difundida por George Lucas, padre de la criatura, de narrar dos trilogías más: en una, cómo se formó el famoso imperio galáctico, trilogía de películas precedente, y en otra, trilogía posterior, narrando lo que acontece tras la caída del imperio, contexto en el que nos situamos con la propuesta actual. Al final, se acaba contentando a un gran número de seguidores, más por la revisitación de una nueva entrega de la saga que por plantear algo nuevo e interesante, que poco tiene de ello, pese a que nos divierta la nueva función.

Parte del valor de este Episodio VII debiera estar en desarrollar una continuación que contente, y se queda más en alegrarnos visualmente viendo de nuevo al Halcón Milenario volar, quizás lo más notable de la película junto al androide BB-8, enfatizando esa jugada de los responsables de la actual historia: mezclar lo viejo con lo nuevo sin más. Lo nuevo es copia de lo viejo y lo viejo esta adaptado a nuestro tiempo con bastante gracia, es decir, el Halcón hace más piruetas y las hace mejor, y BB-8 es R2-D2 actualizado, todo ello nos gusta pero no es suficiente. El espectador puesto en la historia y deseoso de más no puede contentarse con sólo eso y percibe con posible desilusión y cierta resignación, que el guión es descaradamente igual a lo narrado en 1977. Aquel éxito se ha readaptado como esquema total que se repite prácticamente a todos los niveles, y esta es la jugada, hábil o no, de repetir lo que gustó actualizándolo al tiempo de sembrar esos interrogantes que nos trasladan a los futuros episodios.

En definitiva, la película de Abrams es una tibia continuación de todo lo visto, sin aporte de nada realmente interesante, sin arriegar narrativamente, pero con un espectáculo bien resuelto basado, más que nada, en la aventura por la aventura de lo que sorprendió en su momento, contentando a la mayoría de seguidores y arrastrando a los nuevos sin presentar grandes novedades. Abrams tira de la melancolía de los cuarentones mas galácticos y muestra aquel mundo descubierto hace ya mucho tiempo pero, ahora, en ruinas (destructores imperiales abatidos junto a transportes AT-AT en infinitas dunas, una máscara chamuscada, conocidos héroes pero envejecidos o relegados…) y mezcla aquello con nuevos personajes aún por madurar, promesas para los nuevos seguidores de la saga ya listos para el salto al hiperespacio, promesas de las que habrá que saber en las sucesivas entregas, y ahí la otra parte del truco: habrá que ver lo que venga para saber más. Hay larga vida en aquella galaxia, ya no tan lejana por su merchandising que está hasta en la sopa, y todo está diseñado para que así sea y guste pese a su baja calidad argumental. Poco queda de aquel sorprendente impacto de 1977 pero, para los de aquella generación, podremos seguir curioseando, sin aparentemente esperar mucho más, sobre qué fue de todo aquello con deleite aún de las partituras de John Williams y los añorados escenarios de aquella ingenua aventura. El entretenimiento vale la pena pese a sus discutibles logros, ya sea por motivos condescendientes hacia los fans de 1977 o no, pero profesionales como Abrams manipulan con audacia lo que les ha caído entre manos para hacernos disfrutar durante 135 minutos de diversión visual de aquella galaxia muy lejana, y quizas, cada vez más, en cuanto a creatividad. Pese a todo, como diría el emperador Palpatine, en este caso Disney (la compañía, no Walt), “todo sale según lo previsto…”

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2 Respuestas

  1. Muy buena crítica. Desde The Reservoir Bloggers compartimos las ideas aquí vertidas. Un saludo y seguid así.

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