Posteado el 13 junio, 2017 Por en Estrenos con 210 Visitas

Crítica de “Testigo”

TESTIGO (“La mecanique de l’ombre”), de Thomas Kruithof. 2016.

Buen cine negro francés, que no es poco

Después de estrenarse en el Festival de Gijón el año pasado llega a nuestros cines Testigo, un thriller inquietante que sitúa a un hombre de la calle, interpretado por François Cluzet, en el centro accidental de intereses políticos y entramados electorales.

Magnífico debut del francés Thomas Kruithof, que consige en su primera película una excelente precisión narrativa a partir de un guión milimétrico que deja entrever los oscuras realidades en las que se inspira.

El director nos muestra la frontera entre el espionaje y la política mediante una organización secreta a través de la mirada de alguien que ocupa el lugar menos relevante de todos, haciendo el trabajo más básico y laborioso, y que no puede ni imaginarse para quién trabaja. No se hace preguntas y tiene una visión muy estrecha de las cosas. A través de él vamos descubriendo el entorno de esa organización secreta. El protagonista entonces comienza a cuestionarse las órdenes que recibe hasta desobedecerlas.

El título original La mecanique de l’ombre resulta más apropiado que ese genérico Testigo (la manía de cambiar los títulos como les da la gana a las distribuidoras…), más acorde con las angustias del protagonista, que se limita a fijar sobre papel el contenido de unas conversaciones inconexas en un ambiente kafkiano. La paranoia está presente durante toda la película, creando en el espectador una sensación de malestar que lo hace más interesante.

Obviamente a la cabeza nos vienen películas como la magnifica La vida de los otros (2006) de Florian Henckel von Donnersmarck, o La conversación (1974) de Francis Ford Coppola, donde el espionaje y la intromisión a la intimidad puede transformarse en una película de terror.

En Testigo disfrutas del placer de sentir lo mismo que el personaje principal, de ver todo a través de los ojos del siempre perfecto François Cluzet. Haciéndote las mismas preguntas que él e intentando relacionar los elementos entre sí. Es una película que ves en tensión, incluso cuando escapa de la rutinas de su protagonista y se aproxima a algo parecido a una película de acción, pero la impresión que deja nos recuerda que la realidad supera a la ficción y que la gran dificultad se basa en que la ficción consiga restablecer la credibilidad de la realidad en la que se inspira. Viva el cine noir y viva Francia.

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