Posteado el 17 marzo, 2017 Por en Críticas con 222 Visitas

Doña Clara

DOÑA CLARA

DOÑA CLARA (“Aquarius”), de Kleber Mendonça Filho. 2016.

Una trama urbanística que entrelaza el pasado y presente de su protagonista

Aquarius es el segundo largometraje del realizador Kleber Mendonça Filho tras Sonidos del barrio (2012); ambas películas tienen lugar en la ciudad costera de Recife, ciudad natal del director. La película funciona como una parábola política, denunciando los cambios que ha sufrido Brasil en los últimos años, y tiene como eje central a Doña Clara, un papel que le viene como anillo al dedo a la veterana actriz brasileña Sonia Braga, que nos deleita con una interpretación magnífica de primerísimo nivel.

Doña Clara es la única habitante que sigue morando el viejo edificio Aquarius; el resto de los inquilinos lo han ido abandonando al vender sus pisos a un inmobiliaria que ambiciona llevar a cabo un nuevo proyecto urbanístico, el “Nuevo Aquarius”. Clara no depende del dinero, y lo realmente valioso para ella es el significado que tiene su apartamento, testigo de inolvidables momentos vitales. A través de numerosos flashbacks, el film nos narra los episodios más relevantes en la vida de la protagonista y su familia: su matrimonio, el influjo de la moderna tía Lucia a través del recuerdo de una fiesta de aniversario, la educación de sus hijos, la superación de una terrible enfermedad, la viudedad… Clara es una ex-crítica musical de éxito que valora los objetos como fragmentos de vida íntima de las personas, y del mismo modo, no está dispuesta a ceder su apartamento a cambio de un puñado de dinero.

La trama da lugar a una feroz batalla entre la inquilina y la promotora que hará lo posible para adelantar la salida de Clara del edificio. Sin embargo, la trama inmobiliaria, de lectura tremendamente maniquea, actúa como un mcguffin en el conjunto del metraje, ya que el interés de la película radica en la configuración del carácter de Clara, su relación con familiares, amigos, e incluso su sirvienta, y cómo los objetos que han formado parte de su vida esconden la respuesta a lo que es actualmente. Desde la primera escena, el realizador ya hace hincapé en un mueble que trae recuerdos a la tía Lucia, símbolo de liberación sexual, y que estará presente durante toda la historia, o a su vasta colección de discos, entre los que destaca un Double Fantasy de John Lennon, adquirido poco antes del asesinato del cantautor.

Mendonça Filho retrata a una mujer enérgica, adelantada a su tiempo y que no quiere vivir de la nostalgia; es muy significativo cuando en la entrevista que concede a un medio de comunicación, aunque defiende su vieja colección de vinilos, no desprecia los nuevos soportes tecnológicos para la música. Tampoco está dispuesta a renunciar a aquello que ha conformado su personalidad; una mujer que vive libremente su sexualidad y que ha superado con coraje un terrible cáncer de mama, hecho con el que establece una analogía con la fuerza con la que encara su problemática con la inmobiliaria.

Doña Clara es la historia de una mujer y de un edificio, ambos bajo amenaza, que sirve para denunciar una realidad terrible en Brasil, donde en horas se pueden demoler edificios de varias décadas de vida, devorados por la especulación inmobiliaria. El realizador aprovecha la tensión que provoca este hecho en la protagonista para hacer un repaso a la memoria y al significado de los objetos, a la confianza en uno mismo y a la integración natural de las vivencias del pasado en nuestra vida presente. Como punto débil, el metraje es algo excesivo y en ocasiones peca de un montaje pesado, pero nada puede empañar el gusto de disfrutar de una actriz como Sonia Braga, convertida en una suerte de Anna Magnani a la brasileña. Recomendable.

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