Posteado el 23 enero, 2017 Por en Críticas con 321 Visitas

La autopsia de Jane Doe

 LA AUTOPSIA DE JANE DOE (“The autopsy of Jane Doe”), de André Øvredal. 2016.

Una historia de terror que podemos disfrutar en dos partes muy diferenciadas

Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de Sitges, y dirigida por el noruego André Øvredal (“Trollhunter”, 2010), “La autopsia de Jane Doe” es una modesta pero efectiva cinta de terror, claramente dividida en dos partes.

La película comienza con un extraño hallazgo: cerca de la escena de un crimen violento, aparece semienterrado el cuerpo de una joven, aparentemente intacto. Desconcertada y sin pistas, la policía decide investigar cuanto antes este suceso y trasladan el cadáver a la funeraria de Tommy (Brian Cox) y su hijo Austin (Emile Hirsch), que han estado trabajando en otros casos, para que esa misma noche establezcan la causa de su muerte. Estos elementos (dos forenses, una sala de autopsias y un cadáver) son los que necesita el guion de Ian B. Goldberg y Richard Naing para construir una historia que nos sugiere desde un primer instante un terror latente para el espectador.

Comenzaba la reseña señalando que identificamos claramente dos partes en la película. En la primera asistimos a un examen minucioso del cadáver de Jane Doe (nombre que en los países anglosajones se utiliza para referirse a cuerpos cuya identidad es desconocida), en la que padre e hijo contemplan, asombrados, las sorpresas que la difunta joven guarda para ellos. La película no escatima en mostrarnos con todo tipo de detalles el estudio pormenorizado del cuerpo -anteriormente ya hemos asistido a uno de un cadáver quemado, en el que todo encajaba perfectamente-; por el contrario, en este caso los resultados de la autopsia son totalmente incoherentes y van conformando una atmósfera inquietante, en la que prevemos que algo terrible está a punto de suceder.

Un identificable punto de inflexión (muy logrado, por cierto, a través de la música de la radio) nos adentra de lleno en la segunda parte, en la que padre e hijo (el film también se preocupa en retratar la relación paterno-filial a través de unos personajes muy humanizados) son perseguidos por una extraña fuerza que parece obedecer a alguna especie de maldición del pasado, con una ambientación de terror más clásico, en la que se desencadena una serie de sustos y persecuciones por los sótanos de la funeraria. Posteriormente, los protagonistas consiguen regresar a la sala de autopsias, donde acabarán de atar los cabos sueltos, lo cual es una decisión necesaria para el espectador.

Aunque algunos opinarán que la segunda parte les gusta menos (cierto es que también otros opinarán lo contrario) “La autopsia de Jane Doe” consigue mantener muy dignamente la tensión hasta el final, gracias a la buena labor en la previa construcción de los personajes y a un control total del ritmo. Un final en el que se resuelve sin excesivas sorpresas la trama planteada, pero de forma coherente con las causas que habían provocado la acción.

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