Posteado el 27 junio, 2017 Por en Críticas con 180 Visitas

La casa de la esperanza

LA CASA DE LA ESPERANZA (“The zookeper’s wife”), de Niki Caro. 2017.

Jessica Chastain salvará a judíos, pero no hay quien salve este esperpento…

La casa de la esperanza está basada en la novela de Diane Ackerman “La casa de la buena estrella” (publicada en España por Ediciones B), en la que se relata la vida de una pareja de héroes anónimos, el matrimonio formado por Jan y Antonina Zabinski, los cuales dirigieron el zoo de Varsovia durante la ocupación nazi. La pareja ayudó a esconderse a centenares de judíos que trataban de evitar ser deportados a los campos de concentración. Sí, suena a La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) pero la cinta de Niki Caro juega en otra liga…

La realizadora, artífice de otras películas que pasaron sin pena ni gloria tales como Whale Rider (2002) y En tierra de hombres (2005), y que actualmente está preparando un nuevo proyecto sobre la historia de Mulan y un biopic sobre Maria Callas que protagonizará Noomi Rapace (temblando estamos), cede el mayor peso de la película a Jessica Chastain, que además figura como productora ejecutiva de la cinta. No se lo tendremos en cuenta. Chastain intenta dar vida a un personaje de enorme sensibilidad, solidario y con un gran instinto maternal, pero no acaba de dar con un registro convincente, perjudicada principalmente porque la película no tarda en convertirse en un tedio insufrible a los pocos minutos del inicio. Y es que hay más tiempos muertos en La casa de la esperanza que en un partido de baloncesto.

Y como suele ocurrir en estos casos, todas las subtramas están cogidas con pinzas: su matrimonio con Jan, interpretado por Johan Hendelbergh, al que recordamos por su papel en la belga Alabama Monroe (Felix van Groeningen, 2012), que aparece y desaparece de la historia sin más; el efecto devastador que tiene sobre su hijo los cambios que se están produciendo a su alrededor con la pérdida de los animales el zoo; y las vidas de los judíos a los que ayudan, ejemplificados principalmente en la historia de Ursula, joven que ha sido violada por los nazis y que hace gala de todos los clichés habidos y por haber.

Aunque mención aparte merece su relación con Herr Heck, zoólogo interpretado por Daniel Brühl que posteriormente tendrá un papel decisivo dentro del engranaje político y militar que se desplegará en el guetto de Varsovia (no, ni se os ocurra pensar en Polanski) y alrededor del zoo, en el que incluso nos contará que Hermann Göring pretende recuperar una especie de vacuno que se extinguió centenares de años atrás. Daniel Brühl no convence a nadie en su papel de nazi despiadado y su supuesta bajada a los infiernos resulta tremendamente anodina, intento de violación incluido.

Igual de despistado parece andar el director de fotografía, que nos “deleita” con un preciosismo inadecuado que más bien nos recuerda por momentos a la ciudad de Los Angeles que a la capital polaca. Y es que en definitiva, todo el ejercicio se nos antoja como un instrumento para explicar unas pinceladas del Holocausto a una clase de niños no mayores de siete años, sensación que tenemos desde el primer momento, cuando contemplamos a Antonina atravesando el zoo perseguida por un joven camello (de los de joroba, claro), mientras interactúa con los elefantes y un hipopótamo…

En resumen, no hay drama, no hay suspense, no hay interés. En lugar de ensalzar un hecho histórico memorable, todos los elementos han sido desprovistos de toda complejidad para brindarnos un producto televisivo de sobremesa totalmente inane. Y de baja calidad. No perdáis el tiempo.

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