Posteado el 3 mayo, 2017 Por en Críticas con 288 Visitas

Lady Macbeth

LADY MACBETH, de William Oldroyd. 2016.

Lady Macbeth es la adaptación de la novela corta de Nikolái Leskov “Lady Macbeth de Mtsensk”, publicada en 1865. En 1934, la obra fue convertida en ópera por Dmitri Shostákovich antes de ser llevada al cine por primera vez por el director polaco Andrzej Wajda en 1962.

La película, ganadora del Premio FIPRESCI en la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián, destaca por haber sido escrita y dirigida por el debutante William Oldroyd, realizador que proviene del teatro, y que ambienta la obra en la Inglaterra rural de 1865. Lejos de encontrarnos con una propuesta encorsetada y convencional, propia de algunas producciones de época británicas, la cinta muestra una dimensión totalmente moderna del personaje principal, fielmente inspirado en la Katerina Izmailova del célebre relato de Leskov.

Florence Pugh apunta alto (es inevitable acordarse de una joven Kate Winslet) con una magistral interpretación de una mujer que va más allá de los límites establecidos para superar la opresión a la que ha sido sometida tras su matrimonio. El terrateniente Boris (Christopher Banks) ha comprado a Katherine junto a una pequeña parcela de tierra para casarla con su único vástago, Alexander (Peter Hilton), con el cual mantiene una relación insoportable desde un inicio.

En este contexto, y aprovechando uno de los viajes de su marido, Katherine se enamora locamente de uno de los trabajadores de la finca, Sebastian (Cosmo Jarvis), al que está dispuesta a convertir en el señor de la casa cueste lo que cueste. La joven decide, pues, contra toda convención, erigirse en dueña de su propio destino y será capaz de cualquier cosa para conseguir su propósito. Una de los mayores logros de la película es la invención del personaje de la sirviente Anna, también maltratada, que sirve para calibrar la propia situación de dominación que sufre Katherine, al mismo tiempo que supone una amenaza que puede revelar el dudoso comportamiento de ésta en la finca.

Oldroyd se adapta perfectamente al bajo presupuesto del film y nos ofrece una ambientación y una luz casi minimalista. La primera parte de la película se caracteriza por la precisión y repetición de escenas cotidianas, a la vez que ante nosotros se va abriendo un horizonte cada vez más oscuro que nos anticipa la tragedia que está a punto de ocurrir. Muchas de las escenas recrean naturalezas muertas en las que los personajes le dan el sentido fílmico a través de lo trágico de la historia y sus interpretaciones. Evidentemente, Lady Macbeth destaca por encima del resto, apelando a un discurso feminista que es totalmente sobrepasado por las circunstancias. Katherine consigue ir más allá de toda empatía que podamos sentir hacia ella en un principio, pisoteando toda cuestión ética. En este sentido, y es también de agradecer, la película no juega con medias tintas.

En definitiva, podemos afirmar que estamos ante uno de los debuts más brillantes de los últimos tiempos, en el que Oldroyd, emulando la mirada siempre contemporánea del maestro Terence Davies, retrata un pasado histórico que hace saltar por los aires a través de una protagonista que devora todo lo que encuentra a su paso, superando los límites conocidos de crueldad, pero sin restarle ningún mérito al enfoque personal del realizador. Más que recomendable.

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