Posteado el 16 mayo, 2017 Por en Críticas con 233 Visitas

Los exámenes

LOS EXÁMENES (“Bacalaureat”), de Cristian Mungiu. 2016.

Una efectiva disección de la decadencia de la condición humana

Cristian Mungiu vuelve a conducirnos por la senda de la excelente 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007), crónica de un aborto ilegal en la Rumanía de Ceaucescu con la que ganó la Palma de Oro en Cannes, para confeccionar un nuevo retrato de la decadencia de la sociedad rumana y la condición humana en Los exámenes, donde el protagonista, Romeo (Adrian Titiani), un respetado médico con un matrimonio roto, conserva como única esperanza mejorar el futuro de su hija Eliza (Maria-Victoria Dragus).

Eliza está a punto de conseguir una beca que le permitirá realizar sus estudios en Londres, pero lamentablemente, el día antes de los exámenes de graduación, la joven es atacada sexualmente por un desconocido, sufriendo una aparatosa lesión en un brazo que puede poner en peligro su futuro. Además, nadie la ha ayudado, por lo que el cineasta acentúa la frialdad de una sociedad marcada por el individualismo. A partir de ese instante, Romeo hará todo lo posible para salvar el futuro de Eliza.

Sin alcanzar la excelencia de la mencionada 4 meses, 3 semanas, 2 días, donde la sensación de desasosiego era más intensa y palpable, Mungiu consigue elaborar un retrato en el que reconocemos la misma turbia atmósfera, reflexionando sobre las consecuencias de nuestras acciones y la importancia de tomar decisiones libremente. A través de la mentira, la corrupción de las instituciones y el tráfico de influencias, Romeo y el resto de protagonistas tratarán de tapar unos errores con otros hasta afrontar el momento en el que deberán rendir cuentas, poniendo fin de alguna manera al desoncierto moral que gobierna todos sus actos.

El realizador se convierte una vez más en un implacable observador de los resquebrajados cimientos de la sociedad rumana (aunque el discurso resulte universal) utilizando unos magistrales planos secuencias llenos de silencios, siempre con un frío distanciamiento para que seamos capaces de sacar nuestras propias conclusiones.

En definitiva, la lucha de Romeo y sus decisiones incumben a su hija, pues él pertenece a una generación que ya ha perdido toda la esperanza en cambiar las cosas. Su empeño, pues, está focalizado en conseguir que Eliza tenga un futuro lejos de Rumanía, donde el veterano médico no cree posible llevar una vida justa. Una vez más, Mungiu prescinde del uso de la música y emplea planos largos para no imponer su visión al espectador; la película está llena de tiempos muertos, que para el realizador son tan relevantes como los momentos de acción.

El resultado es un film en el que Mungiu nos acerca de forma convencional a las imperfecciones del sistema educativo, médico, policial e institucional, a través de un personaje que representa las dos caras de su país, la respetable y la hipócrita, y con el que nos hace partícipes de que todos debemos ser responsables de nuestros actos. Más que recomendable.

Tags : , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *