Posteado el 4 julio, 2017 Por en Críticas con 184 Visitas

Los últimos días del artista: Afterimage

LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL ARTISTA: AFTERIMAGE (“Powidoki”), de Andrzej Wajda. 2016.

La responsabilidad del hombre y del arte

Afterimage es la obra póstuma del gran realizador polaco Andrzej Wajda, la guinda a un legado de indiscutible calidad que se extiende a lo largo de más de sesenta años. El director finalizó este trabajo a la edad de 90 años, y aunque al lado de sus grandes obras como Cenizas y diamantes (1958), La tierra de la gran promesa (1975) y Katyn (2007), ésta puede ser una película menor, raya a un nivel muy superior a la media imperante gracias a su reconocible savoir faire.

La película gira en torno a la figura del pintor vanguardista polaco Wladyslaw Strzeminski, creador de la teoría del unismo y colaborador y amigo de artistas como Malevich, Chagall y Rodchenko. Fue fundador del Museo de Arte Moderno de Lodz, uno de los más importantes de su época, donde también se exponían obras de su esposa, la escultora Katarzyna Kobro, que en el film de Wajda tiene un papel totalmente secundario. La trama profundiza poco en los elementos de su vida privada, lo cual nos deja con la miel en los labios, y es que obtenemos muy pocos detalles de la separación de la pareja y del posterior internamiento de Kobro en un hospital debido a una enfermedad. La relación con su pequeña hija Nika también resulta poco relevante en el devenir de la película, y es que Afterimage es ante todo la historia sobre la integridad de un hombre cercado por el regimen comunista en unos tiempos donde imperaba aquello de que “si no estás conmigo, estás contra mí”.

Obligado a dejar su trabajo en la universidad y en el círculo de Bellas Artes, Strzeminski tiene que enfrentarse a las nuevas autoridades que defienden que el único arte válido para afrontar el futuro es el realismo socialista, mientras que él piensa que no hay otro camino a seguir que el marcado por el arte abstracto, siempre integrado dentro de la realidad y resultando su componente esencial.

El trabajo del veterano actor Boguslaw Linda es impecable, dotando al personaje de la dimensión moral y humana que requiere; un hombre que perdió un brazo y una pierna luchando en la PGM, adorado por sus alumnos, maestro de jóvenes artistas, polémico y con una vida personal agitada, desprovisto de todo y perseguido hasta la saciedad por un régimen que lo lleva al borde de la inanición, teniendo que trabajar de cualquier cosa para sobrevivir, incluso dibujando carteles para las autoridades comunistas. Aunque en algunos momentos puede resultar algo reiterativa la denuncia de las injusticias del nuevo orden instaurado en Polonia desde 1948, este aspecto sirve para resaltar la incuestionable integridad y seguridad en sus creencias de un hombre que sí supo entender el camino hacia el arte moderno.

Wajda nos regala algunas escenas magistrales, destacando el momento en el que el lienzo todavía blanco del artista se tiñe de rojo debido al reflejo de una lona de Stalin. Una escena que refleja cómo la política interfiere en el mundo del arte. Otros momentos muy significativos que confirman el oficio del realizador son la escena con el plato de sopa vacío o el metafórico final de Strzeminski en el escaparate de una tienda como un maniquí roto más.

En definitiva, y como hizo el propio pintor en la obra rescatada por sus alumnos “Teoría de la visión”, Wajda deja un testamento sobre la responsabilidad del arte y el enfrentamiento del artista con las formas de gobierno que le da mil vueltas a la mayoría de films que han coqueteado con el biopic en los últimos tiempos. ¡Gracias, maestro!

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