Posteado el 18 diciembre, 2016 Por en Críticas con 521 Visitas

Rogue One: Una historia de Star Wars

ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS (“Rogue One. A Star Wars story”), de Gareth Edwards. 2016.

Una nueva esperanza

Disney nos ofrece una nueva película del universo Star Wars. Universo adquirido para engrandecer el suyo propio y contentar un potencial de público nada despreciable, dos objetivos que van de la mano, alcanzándose el primero sin titubeo y el segundo parece que, a primera vista, también. En los planes del imperio Disney para desempolvar y activar aquel universo cerrado en 2005 por su creador, se encuentran tres películas que siguen el argumento original en torno a la familia Skywalker y tres películas que ofrecen narraciones conectadas en un plano secundario. El espectador que asistirá a ver alguna de estas películas se divide entre seguidores de la saga y, digamos, allegados curiosos o espectadores accidentales o interesados en sólo saber todo lo que ofrece el cine, sin más. Entre los seguidores, además, incluso apreciaremos los nostálgicos testigos de la proeza que George Lucas logró en 1977, y los novatos, sumados a golpe del merchandising todo poderoso o por influencia generacional de sus mayores. Los primeros, más críticos por su efecto nostálgico, y los segundos, más condescendientes por el efecto adictivo a aplaudir cualquier regalo proveniente de aquella muy lejana galaxia.

En definitiva, estamos ante una de las películas más populares de año, que recogen cada vez más el formato televisivo de las series actuales, tal y como ya hemos comentado en otras ocasiones a raíz de las diversas franquicias cinematográficas actuales, pero sin dejar de ser cine. Mi opinión sobre los distintos aspectos cinematográficos de “Rogue One. Una historia de Star Wars” debe centrarse dentro del marco de su propia historia, tal y como indica expresamente el subtítulo de la película. Fuera de todo ello, la película de Gareth Edwards, con poca experiencia en la dirección pero amplio reconocimiento internacional en el sector de los efectos especiales (“Monsters”, 2010; “Godzilla”, 2014), es una película de aventuras muy digna y entretenida pero que no pasará a la historia del cine por grandes aportaciones ni virtudes propias, pero si lo hará por formar parte de la popular saga, así que su valor radica en su coherencia respecto a la historia donde quiere encuadrarse.

Como dijimos en su momento, “Star Wars. Episode VII: The Force Awakens” supuso una desilusión para muchos, por no arriesgar en un desarrollo argumental más original. Aquella propuesta se dejó llevar por un fácil y complaciente esquema narrativo, teniendo en cuenta lo encorsetada que ya es la historia de la saga de por sí, con un guión repetitivo ya visto, sólo que con nuevas caras, de las que, las pertenecientes a nuevos villanos, parte más potencial de la saga, fueron alarmantemente poco aceptables. Cuando la saga debia arriesgar y dar más de sí, no lo hizo.

La propuesta de este año, y la que nos ocupa ya, no nos producía demasiada motivación de antemano tras visto lo dicho, pero somos de ese sector de nostálgicos del 77 y con una fuerza mayor que nos empuja a saber qué manosean los nuevos inquilinos de aquella galaxia, sentida más nuestra que de Mickey. La sensación posterior es que el maquiavelismo de Disney para sus dos primeras recreaciones galácticas de la saga, ha sido ofrecer dos películas con toda una intencionalidad hacia el público. Una primera película, el año pasado, más para nuevos seguidores, potencialmente más numerosos, adictivos y complacientes, donde aquel Luke Skywalker era ahora una chica que repetia aquel rol ya visto hacia años. Un reempezar lo visto en un espacio nuevo. Y una segunda película, este año, para los nostálgicos del 77. Estos últimos no necesitamos volver a revivir lo que ya vimos hace casi 40 años, pero sí nos gusta volver a aquel mismo y preciso espacio de oscuridad en que el Imperio controlaba todos los rincones de la galaxia, donde heroes anónimos se sacrificaban haciendo imposibles por cambiar aquella opresión. Aquello era el lugar y el momento de la aventura clásica narrada en 1977, y “Rogue One” nos ha devuelto allí. Ese es el acierto de la nueva película de la saga: no necesitamos estar en un bucle infinitamente repetitivo sobre las andanzas de los Skywalker frente a una y otra y otra Estrella de la Muerte más grande que la anterior, pero con el mismo fallo estructural; ya vimos su auge, caída y renacer de todo ello, la República volvió a triumfar y el hijo se impuso al padre oscuro, el ciclo se cerró, ahora podemos aceptar algo nuevo de aquella misma galaxia, en aquel mismo espacio olvidado de lucha heroica, pero nuevo.

La virtud de “Rogue One” reside en contar, pese a saber su final, una aventura nueva en aquel mismo contexto temporal pero apartándose por primera vez de una linea argumental ya finiquitada, pese a “El Despertar de la fuerza”, aportación innecesaria con forzada reiteración ya superada de la misma historia y roles de personajes. “Rogue One” desarrolla una narración clásica, propia de un conflicto bélico de la segunda guerra mundial, con heroes anónimos, sencilla en su planteamiento, con principio y fin en la misma película, con objetivos claros y sin complejos entresijos innecesarios, y regalando, a la vez, una información menospreciada anteriormente pero relevante para toda la saga: “¿Quién robó los planos de la estrella de la Muerte?”. Nunca necesitamos otra Estrella de la Muerte, la única, genuina y original estuvo ahí durante la larga vida que tuvo el anhelado Imperio.

La nueva película, cuenta a su favor, el saber dosificar en espacio y tiempo a lo largo del metraje aquellos guiños, irrenunciables ya en toda la saga, pero ahora ofrecidos en su justa medida, y hablando de justicia, esta se hace merecidamente y con acierto al personaje más estelar de toda la saga. Los recursos que ofrece la propia saga son aprovechados con acierto y sin abuso. En conjunto la película funciona para prácticamente todos los públicos: los afines, los nostálgicos y los que sólo buscan un entretenimiento, sin más. En su contra, los personajes no están desarrollados tanto como querríamos, a excepción de Felicity Jones y Ben Mendelsohn, que mantienen un aceptable pulso, por su propio peso en la narración. No debemos olvidar al droide K-2SO, cuyo dominio de la ironía en sus dosificadas intervenciones no nos hace añorar a R2-D2 y C3PO.

La música es otro protagonista indiscutible de la saga. Michael Giacchino es el encargado de narrar musicalmente la historia, tarea nada fácil puesto que lo hace bajo la sombra de John Williams, quien cambió el panorama musical de las bandas sonoras en los 70 del siglo pasado y acompaña todos los episodios oficiales ofreciendo un espíritu musical al que no se puede renunciar. Giacchino ha mostrado solvencia como compositor que puede ofrecer destacadas sinfonías en un momento donde muchas bandas sonoras se limitan a sonidos tecno-eléctronicos de similar tonalidad entre ellos, y donde aquellas partituras con las que se dedicaban varios temas sinfónicos para describir personajes o situaciones se van perdiendo. Su reto actual no es fácil y en el resultado habrá la continua, obligada y posiblemente injusta comparación de la que Giacchino no podrá desprenderse por ahora. No deja de ser un handicap su aptitud y con todo ello en cuenta, ni esperamos ni pedimos que Giacchino haga la proeza que hizo Williams en 1977, momento en que las partituras sinfónicas para cine tampoco estaban en alza. Con la situación descrita, Giacchino cumple con creces lo esperado, obviamente mejorable, pero su conjunto creado para esta aventura aislada de la saga, es más que notable, y consigue mantener ese espíritu musical, utilizando temas irrenunciables de Williams junto a nueva partitura totalmente apropiada, pese a que echamos en falta algún tema de descripción propiamente de alguno de los protagonistas o al grupo heroico protagonista que da pie al titulo.

En definitiva, y contra todo pronóstico, celebramos “Rogue One”, el título que se aísla con fortuna de un exprimido argumento central de la saga, y lo recomendamos positivamente en el conjunto de ésta por su originalidad entre lo visto y sabido, narrado, desde el contexto temporal más atractivo de la saga, con sencillez, épica y, también, justicia hacia quien ha sido el alma, oscura, de todo el invento desde su temerosa aparición hace casi cuarenta años. La propuesta más gratificante tras “El Retorno del Jedi” (Richard Marquand, 1983), para volver a la galaxia en su momento de más esperanza.

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