Posteado el 7 julio, 2017 Por en Críticas con 191 Visitas

Tom of Finland

TOM OF FINLAND, de Dome Karukoski. 2017.

El emotivo retrato de un personaje excepcional

Tom of Finland es el biopic sobre la vida del artista finés Touko Laaksonen, quien tuvo que sobreponerse a las dificultades de una época oscura para defender una forma de vida y una obra artística muy personal, a través de unas ilustraciones homoeróticas que diluyeron la frontera entre arte y pornografía y que dieron un nuevo sentido a la percepción de la homosexualidad.

Pekka Strang se mete con acierto en la piel de un personaje ciertamente polémico, complejo y entrañable a la vez. Su evolución transcurre paralela a los hechos históricos de su Finlandia natal, donde la homosexualidad estuvo penada hasta 1971 y considerada como enfermedad hasta diez años después. La película arranca en plena SGM, cuando Touko vive experiencias terribles luchando contra los rusos, en una atmósfera totalmente homófoba y represiva en la que las citas entre hombres se producían de forma espontánea ocultos entre los árboles de oscuros parques.

Tom of Finland no puede evitar algunos clichés que suelen lastrar los biopics, tales como un ánimo por explicar demasiado en poco tiempo -lo cual suele desembocar en frivolidad-, principalmente por la necesidad de llegar a reflejar el efecto devastador que el SIDA tuvo sobre todos los ámbitos de la comunidad homosexual; pero también posee poderosas razones para afirmarse como una propuesta original y meritoria, gracias sobre todo al emotivo retrato que el actor Pekka Strang hace del protagonista y su contrapunto con el personaje de su religiosa hermana (Jessica Grabowsky), profundamente homófoba, relación que está tratada con mucho sentido del humor.

La mirada de la película es positiva y amable pese a las dificultades que experimentan los personajes al tratar de expresarse libremente. El propio Touko tiene que enfrentarse a la homofobia imperante, a  arrestos, a persecuciones policiales, y al hecho de que amigos suyos se sometan a absurdas terapias para tratar de “curar su homosexualidad”. En este aspecto, el film defiende el arte como elemento curativo para abstraerse de la realidad y el propio Kake, su personaje más querido y recurrente, acompaña en algunos momentos al autor en su soledad, hasta que afortunadamente sus dibujos son descubiertos en Los Angeles, convirtiéndose en una celebridad a nivel internacional -ya bautizado como Tom of Finland-, y dejando de ser un artista relegado a un ámbito marginal.

En resumen, Karukoski sale airoso narrando el auge del arte de Touko Laaksonen, un personaje verdaderamente excepcional, aunque no podemos dejar de preguntarnos qué podría haber pasado si hubiera caído en otras manos más expertas y mejor cualificadas…

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