Posteado el 3 julio, 2017 Por en Críticas con 269 Visitas

Verano 1993

VERANO 1993 (“Estiu 1993”), de Carla Simón. 2017.

Aprender a entender lo que sentimos

El de Carla Simón ha sido uno de los debuts más sonados de los últimos meses; viene precedido por el éxito cosechado en los últimos festivales de cine de Berlín (mejor Opera Prima) y de Málaga (Biznaga de Oro). Estiu 1993 es una película aclamada por la crítica y que muchos consideran una obra redonda, comparándola ya con films de la talla de El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973).

Estiu 1993 nace de la necesidad de la autora por explicar un periodo crucial en su vida, y lo hace a través de la figura de la niña Frida (Laia Artigas), quien pasa su primer verano en el campo con la que será su nueva familia adoptiva (sus tíos y su prima), tras la fatal muerte de su madre.

Sabiendo de las dificultades que suele acarrear el rodaje con niños (hay que reconocer que en este caso tanto Laia Artigas como Paula Robles están impresionantes), Carla Simón retrata ese verano de aprendizaje con una hipnótica capacidad de observación a través de la niña Frida, quien nos acompaña a través de la historia, siendo omnipresente su personal punto de vista. De este modo, en muchos pasajes la realidad a su alrededor se difumina, y lo que dicen y hacen los adultos es inaudible o aparece fragmentado, por la incapacidad de comprensión de la pequeña; todo irá tomando forma a medida que transcurre la historia.

Si bien la película resulta algo incómoda y reiterativa por esta forma narrativa, que también tiene algo de documental, se destila de ella una sinceridad y un sentimiento incuestionables, y la evolución de la pequeña acaba por conmovernos gracias a su extraordinaria delicadeza. No obstante, Estiu 1993 puede resultar algo tediosa y alargada en algún pasaje, ya que lo que estamos experimentando es el aprendizaje emocional de la pequeña Frida. Cualquier pequeño detalle cuenta. Su comportamiento, a veces celoso, caprichoso o incluso mezquino, forma parte del dolor que está sintiendo por un duelo que debe exteriorizar necesariamente. Aunque lo que nos cuenta es dramático, la película tiene cierto poso de feel-good movie, lo cual alivia el temor a encontrarnos ante una película que abuse de la sensiblería, como suele ocurrir habitualmente en las películas con niños.

En definitiva, una obra prometedora, en la que destaca por encima de todo el gran trabajo de Simón con los actores, especialmente con las niñas y Bruna Cusí, que sigue en estado de gracia después de su buena intervención en Incerta glòria, de Agustí Villaronga.

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