Posteado el 28 febrero, 2017 Por en Críticas con 268 Visitas

Vivir de noche

VIVIR DE NOCHE CARÁTULA

VIVIR DE NOCHE (“Live by night”), de Ben Affleck. 2016.

Affleck intenta ofrecernos su personal Scarface con un resultado lamentable

La cuarta película de Ben Affleck como director es un auténtico desastre. Al igual que sucediera en su debut, Adiós, pequeña, adiós (2007), vuelve a basarse en una novela policíaca de Dennis Lehane, autor de joyas adaptadas satisfactoriamente a la gran pantalla como Mystic River o Shutter Island. Y en esta ocasión, para horror de los espectadores, Affleck lo hace escribiendo él solo el guión, además de dirigiendo y encarnando al protagonista, el criminal Joe Coughlin.

Tras un diseño de producción aparentemente interesante, se esconde el caos absoluto. Affleck recorta a su gusto la ficción de la novela (éste tampoco es el problema, ya que a la trama elementos no le faltan), y nos relata un cúmulo de despropósitos en un exceso de acción descabellada e innecesaria. Todo parece artificial en este fallido proyecto en el que nunca conseguimos discernir cuál es el clímax de la película ni qué pretende contarnos.

Joe Coughlin es un delincuente hijo de policía (la frivolidad con la que retrata este hecho es pasmosa) que vuelve de la I Guerra Mundial convertido en un maleante, pasando una temporada en la cárcel de Charleston, hecho por el que se pasa de puntillas en el film. El trabajo de Affleck es desganado, demostrando una vez más que la actuación no es su fuerte (el hermano se ha llevado todo el talento en ese campo) y ofreciéndonos la misma cara, inmutable, durante todo el metraje. Del material recortado de la novela original, algunos elementos son pinceladas confusas que no acaban de cuajar en el conjunto de la película, como la existencia de un hermano que supuestamente busca trabajar en Hollywood de guionista, y del que tendremos un pequeño guiño antes de acabar el film.

La película trata un sinfín de temas, ninguno de ellos con el esmero que cabría esperar: el ámbito irlandés en Boston, la depresión económica, la ley seca, el Ku Kux Klan, o el contrabando de alcohol, entre otros.

Uno de los aspectos más sangrantes es el trabajo de los actores secundarios, entre anecdótico y bochornoso, especialmente en el caso de Brendan Gleeson, que interpreta a Thomas, padre de Joe; Chris Cooper en el papel de Figgis, un jefe de policía de Tampa extremadamente religioso muy mal dibujado, y padre de Loretta (Elle Fanning), que regresa al hogar convertida en heroinómana después de haber intentado triunfar como actriz en Hollywood. La conversión de esta última en la predicadora que es capaz de hacer peligrar la construcción del casino es totalmente grotesca. Otros detalles como la historia de amor con Emma (Sienna Miller), totalmente mal narrada, y el frívolo acercamiento y posterior matrimonio con Graciela (la belleza de Zoe Saldana es lo más deslumbrante del film) no hacen sino confirmar lo ridículo que resulta todo en esta trama.

En definitiva, el señor Affleck, que cuando no sabe qué ofrecernos, nos mete con calzador escenas de tiroteos absurdas o tira descaradamente de fotografía sin venir a cuento, nos ofrece un pobre espectaculo, más si tenemos en cuenta que el resultado de obras como Argo (2012) o The Town (2010) nos hacía albergar ciertas esperanzas. En este caso, el film nos tortura pretendiendo ser su personal Scarface (las comparaciones más que nunca son odiosas) y en este empeño nos condena a un pobre espectáculo con ínfulas de gran cine de acción aderezado con algún tinte cómico. Este bodrio va directamente a la lista de las peores películas del año. Todo un sublogro.

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