Posteado el 26 diciembre, 2017 Por en Críticas con 229 Visitas

Demasiado cerca

DEMASIADO CERCA (“Tesnota”), de Kantemir Balagov. 2017.

La mujer en el Cáucaso Norte

El espectacular debut de Kantemir Balagov viene avalado por la figura de Aleksander Sokurov, quien a través de sus escuelas de cine, extendidas por la geografía rusa, apadrina el trabajo de jóvenes talentos. El realizador sitúa su historia a finales de los años 90 en una región del Cáucaso Norte, concretamente en la ciudad de Nalchik. Balagov nos retrata un suceso desgraciadamente habitual en aquellos tiempos al narrar el secuestro de una pareja de jóvenes de la comunidad judía de la zona, David y Lea, que están a punto de contraer matrimonio. Los familiares deciden no implicar a la policía y discutir entre todos cómo afrontar el pago del rescate.

La hermana del novio, Ila -una sensacional debutante Darya Zhovnar- asume todo el protagonismo de la historia y la cámara sigue sus movimientos como en una película de los hermanos Dardenne; y es que Balagov reconoce entre sus influencias Rosetta (1999), de los mencionados realizadores belgas, y Mouchette (Robert Bresson, 1967). La joven Ila busca su espacio en una comunidad donde la mujer es un mero objeto y para ello tendrá que enfrentarse a todos los que toman decisiones por ella, desde vender el taller de reparación de coches en el que trabaja junto a su padre, hasta concertar su matrimonio a cambio de una suma de dinero que ayude a la familia a salir adelante.

Su noviazgo con un joven kabardiano no le traerá más que problemas en una región caracterizada por los enfrentamientos étnicos y que todavía vive el proceso de autoidentificación posterior a la caída de la U.R.S.S., lo cual propicia el auge del crimen y las continuas extorsiones. Los problemas más graves los sufrirá -debido a la estructura matriarcal de su comunidad-, con su madre, la más crítica con su forma de actuar. Como ejemplo, hay que significar la magistral escena en la que la madre le comunica a Ila que han tomado la decisión de arreglar su boda mientras la ayuda a secarse el pelo. El ruido del aparato silencia los sollozos de la joven, impotente.

Balagov utiliza un formato 4:3 -cada vez más habitual- para acentuar la opresión de Ila y el resto de los personajes, de los que muchas veces no se nos muestra el cuerpo completo. Cada escena es un festín visual y el tratamiento de la luz y el color está cuidado hasta el último detalle, destacando especialmente las tonalidades de rojos, amarillos y unos azules eléctricos que salpican la pantalla con maestría.

Al realizador ruso le interesa utilizar el tema del secuestro para reflexionar sobre qué no estaríamos dispuestos a sacrificar. También lo hace sobre los lazos familiares entre padres e hijos -la sobreprotección de los padres y la anulación de la personalidad de los hijos-, especialmente en el momento en el que estos últimos están preparados para liberarse del yugo paterno.  Igualmente latente en el film encontramos el sometimiento de la mujer en un entorno extremadamente violento y una descarnada aproximación al tema de la pertenencia, ejemplificado en una Ila alienada por el continuo movimiento de la familia de una ciudad a otra para empezar desde cero, sin tener en cuenta sus necesidades. Este punto depara otra escena magistral: la liberación experimentada por Ila en la escena del baile al aire libre, previa a una nueva diáspora de la familia.

Demasiado cerca es una película dura que refleja la realidad de unos protagonistas sofocados por un entorno asfixiante con nula perspectiva de futuro. Todos los tipos de violencia posibles se representan en este film -incluido un documento real sobre la problemática chechena que hiela la sangre-, en uno de los debuts más meritorios del año y que le valió a Balagov el premio FIPRESCI en la pasada edición del Festival de Cannes, en la sección Un certain regard. Masterpiece.

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