Posteado el 25 febrero, 2018 Por en Críticas con 157 Visitas

Todo el dinero del mundo

TODO EL DINERO DEL MUNDO (“All the money in the world”), de Ridley Scott. 2017.

Thriller de secuestros en el que la estrella se llama Christopher Plummer

Ridley Scott lleva a la pantalla la historia de John Paul Getty III, nieto del magnate J.Paul Getty, secuestrado por la mafia calabresa en julio de 1973. El veterano realizador, autor de una filmografía irregular y en líneas generales sobrevalorada, teje aquí un relato efectivo en términos de ritmo, y es que una de las virtudes del film es saber mantener la tensión con un equilibrio que tiene al espectador en vilo durante todo el metraje, y eso ya es de valorar en los tiempos que corren…

La película se basa en un libro escrito por John Pearson en 1995, y en el que se cuentan las anécdotas más destacadas de la vida de tan singular personaje. J. Paul Getty, quien heredó un imperio de su padre y se las ingenió para aumentar la fortuna, principalmente gracias a un pacto con los saudíes para explotar el petróleo de un desierto cercano a Kuwait, fue un hombre de vida singular y llena de escándalos personales. Getty se caracterizó por su extremada avaricia y por estar más interesado en las cosas materiales que en las personas. Nunca tuvo una relación estrecha con sus esposas e hijos, y concentró sus esfuerzos en conseguir aumentar una impresionante colección de arte antes que en cultivar afectivas relaciones familiares.

Además del escándalo retratado en la ficción, el film viene marcado por la controversia de la sustitución, prácticamente a última hora, de Kevin Spacey por Christopher Plummer en el papel del magnate. La película estaba acabada y a punto de ser mostrada a los medios cuando el escándalo iniciado por el caso Harvey Weinstein salpicó de lleno a la película de Scott, quien tuvo que rodar nuevamente, en ocho días, las escenas con Plummer sustituyendo a Spacey. La verdad es que, polémicas aparte, el trabajo de Plummer es magnífico y logra convertirse en el mayor atractivo del film, retratando a la perfección la complejidad de una mente tan retorcida como la de Getty como si de un villano shakesperiano se tratase.

Acompañan a Plummer una efectiva Michelle Wiliams en el rol protagonista de Gail, la madre del secuestrado, y Mark Wahlberg, prácticamente ausente en un personaje absolutamente prescindible, el de un ex-agente de la CIA y encargado de la seguridad personal de Getty. Ambos llevarán el peso de la negociación del rescate mientras mantienen tensas discusiones con el magnate para que éste pague la cifra. Un magnate que es capaz de tener una cabina con monedas para las visitas en su hacienda inglesa a la vez que asegura que no pagará el rescate porque tiene diecisiete nietos y no puede permitirse sucumbir al chantaje, aunque por otro lado no duda en adquirir millonarias piezas de arte a su colección personal.

El film de Scott destaca por un impecable diseño de producción desde los compases iniciales en los que vemos el tratado con los beduinos de un Getty que llega en ferrocarril al árido desierto de Arabia en 1948. Asimismo, las escenas rodadas en Roma y alrededores rayan también a gran altura, brillando especialmente el recorrido aéreo del coche con Williams y Wahlberg camino del rescate de Getty III y la posterior persecución nocturna en un pueblo cercano al lugar de la entrega. No obstante, la película no convence en cuanto a la relación que tienen los secuestradores -especialmente el caricaturizado personaje de Cinquanta- con el secuestrado y familiares, ya que el film pretende condenar la avaricia sin límites de una familia acomodada a través de forzados sermones en boca del secuestrador, un elemento que resulta tan forzado como bochornoso.

Todo el dinero del mundo es un trabajo que sabe entretener gracias al oficio de Scott, acompañado de una buena banda sonora de Daniel Pemberton, pero en el que el personaje central -aunque secundario- de J. Paul Getty, debería haberse explotado mucho más. Nos quedamos con las ganas de escudriñar más a fondo en sus desencuentros con su hijo adicto a las drogas y con su nuera, además de conocer más acerca del peso de la estricta educación que recibió por unos padres religiosos y conservadores que se avergonzaban de sus excesos. El personaje de Getty es un caramelo para cualquier actor y la estrella del film se llama, sin duda, Christopher Plummer.

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