Posteado el 30 noviembre, 2017 Por en Críticas con 37 Visitas

El amante doble

EL AMANTE DOBLE (“L’amant double”), de François Ozon. 2017.

Ozon adapta libremente la novela de Joyce Carol Oates -escrita bajo el pseudónimo de Rosamond Smith-, Life of the twins, con la que comparte el mismo punto de partida. La protagonista, Chloé (interpretada por una bellísima Marine Vacth), descubre que su psicoterapeuta Paul Meyer (Jérémie Renier), con el que acaba teniendo una relación íntima, tiene un hermano gemelo, Louis Delord, por el que acaba sintiendo una atracción fatal al constatar desconcertada la negación de su existencia por parte de Paul.

El realizador francés demuestra su versatilidad después de que el año pasado nos sorprendiera con Frantz, una película de corte clásico que podríamos considerar como un trabajo mayor. En esta ocasión, Ozon se lo pasa en grande emulando -y homenajeando- a genios de la talla de Brian de Palma, Roman Polanski o David Croneneberg. Es inevitable pensar en Inseparables (1988), dirigida por el último de ellos, como una fuente de inspiración para la película (incluso para la propia Oates); la cinta del realizador canadiense nos situaba en el mundo de la ginecología a través de los gemelos Beverly y Elliot Mantle (interpretados por un excelso Jeremy Irons), con los que Cronenberg coqueteaba con la figura del doppelgänger, curiosamente también presente, aunque representada de un modo totalmente distinto, en la mencionada Frantz.

Chloé proyecta sus vivencias en las obras del museo donde trabaja como vigilante de sala, cada vez más incómodas, reflejando su complicado estado de ánimo, que siempre va acompañado por un inexplicable dolor de barriga. Las sesiones de psicoanálisis o la doble vida, que le permite a la protagonista proyectar en Louis fantasías que no sería capaz de realizar con Paul, son temas muy presentes en la película. La idea de desdoblamiento es parte fundamental del lenguaje cinematográfico de Ozon, recurriendo a imágenes poderosamente llamativas, como la vagina que se convierte en un ojo que llora, o abusando del uso de espejos en los decorados.

La historia de El amante doble debe ser analizada como un estado mental. Para ello, la dirección artística contribuye en todo momento a crear el efecto de lo que se está cosntruyendo en la mente de Chloé. Marine Vacht, que ha madurado considerablemente como actriz desde Joven y bonita (François Ozon, 2013) realiza un trabajo muy convincente, especialmente a través de su mirada, la cual nos guía por los senderos por los que Ozon quiere que transitemos. Jérémie Renier es el compañero de viaje perfecto. El actor belga construye los personajes de los gemelos basándose principalmente en los conceptos del bien y el mal, pero aportando a ambos matices que los hacen más complejos y reales. Este detalle es agradecido por el espectador, al igual que la aparición estelar de una siempre bella Jacqueline Bisset en un pequeño papel.

En resumen, El amante doble es un thriller psicológico clásico, con un guion retorcido, poco previsible y sofisticado, y grandes dosis de erotismo. Aunque no alcance las cotas de los cineastas a los que pretende emular, funciona como un sólido entretenimiento si nos lo tomamos con cierta dosis de ironía y buscamos la verdad en las poderosas imágenes que nos muestra. Muy entretenida.

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