Posteado el 24 julio, 2015 Por en Cinefilia con 456 Visitas

Terremoto – El caos como catarsis social

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“Terremoto” es la película que situamos en el ‘epicentro’ del cine de desastres clásico de los 70, en el año 1974. “Aeropuerto” (1970), de George Seaton y “La aventura del Poseidón” (1972), de Ronald Neame fueron los precedentes inmediatos que sentaron las bases de este subgénero. Antes de todo ello debemos recordar una película de 1936: “San Francisco”, de Woodbridge Strong Van Dyke y D.W. Griffith, un magnifico musical del Hollywood dorado, con Clark Gable, Jeanette MacDonald y Spencer Tracy, cuya acción tiene su clímax en el histórico terremoto del 18 de abril de 1906 que arrasó la primitiva ciudad de San Francisco y dio paso a la reconstrucción de la actual ciudad en las laderas hacia la bahía. Al año siguiente, Darryl F. Zanuck produciría la película sobre el gran incendio de Chicago de 1871, “In old Chicago”, con Tyrone Power. El cine nunca ha dejado de asociar sus historias a grandes eventos que las amplifiquen a tono con la gran pantalla. Para ello, los equipos técnicos, los considerados artesanos “menores” del séptimo arte, han tenido que estrujar su imaginación y arte para reflejar imágenes, muchas de ellas fantasiosas e imposibles. Desde el “Viaje a la luna” de George Méliès en 1902, a todas las películas de ciencia-ficción de los 50 y 60, incluyendo, en éstas, “Cuando ruge la marabunta” (1954), de Byron Haskin, película con los principales tics del cine de catástrofes que estaba por llegar, incluida la participación de Charlton Heston, un habitual en los 70, y, por supuesto, otra película, “La última noche del Titánic” (1958), de Roy Ward Baker. Pero en aquellos lejanos años 30, algunas películas ya reflejaban el caos social como gran marco donde desarrollar sus narraciones, y junto a las películas citadas con terremoto e incendio devastadores, debemos recordar “King Kong” de Merian C. Cooper en 1933, quien ofreció grandes escenas de caos que han quedado en la retina.

towermodelLos técnicos se han revelado con el tiempo como auténticos artífices de este subgénero, haciendo posible lo imposible y situando en nuestro recuerdo épicas escenas que no hacen si no que aumentar nuestra admiración por el Cine, recordemos aquel colosal rascacielos de cristal, ardiendo por los cuatro lados en la bahia de San Francisco. Finalmente, el cine de los 70 es una explosión, y nunca mejor dicho, del desarrollo de aquellas primitivas técnicas en mayores y mejores efectos especiales y de sonido. Dichos técnicos no se limitan ya a películas de terror o ciencia-ficción, pasan a tener un papel relevante por incidir en la narración de historias convencionales. Las grandes productoras pedían, ahora, que sus conflictos sociales fueran sacudidos a casi mitad del metraje por un conflicto catártico mayor a los terrenales tormentos que acechan a los protagonistas. Antes de los espectaculares efectos digitales de destrucción masiva de “San Andreas” (2015), en los 70, la imaginación en todo tipo de efectos se desbordaba admirablemente, ante las exigencias de las majors. Los 70 destacaron por un ingenuo e ingenioso uso del cartón piedra, maquetas, primitivos cromas… y que poco a poco, toda una manufacturación que avanzó hacia la informatización y la posterior digitalización, y es que lo que hoy nos puede sorprender, tiene un entrañable pasado que respetar y reconocer.

Aeropuerto_75_Airport_1975_tt0071110_1974_esEntrando de lleno en la década de los 70 y en su subgénero objeto de este artículo, 1974, fue, como decíamos al inicio, el año clímax para este tipo de producciones. Aquel año Universal Pictures presentó “Terremoto” y Twenty Century Fox se alió con Warner Bros. para lanzar conjuntamente “El coloso en llamas”, de John Guillermin e Irwin Allen. En 1975 Universal presentaría “Aeropuerto 1975”, de Jack Smight, “Hindemburg”, de Robert Wise, y “Tiburón”, de Steven Spielberg, a partir de ahí, todo tipo de argumentos tendrían como base el abuso de ese caos social que aludíamos, con el mencionado y consiguiente desarrollo de efectos especiales y visuales. El uso y abuso de ‘lo espectacular’ se generalizó para bien y para mal, dando pie a productos de serie Z que bebieron de las aguas de las grandes producciones de Hollywood. El esquema trazado por “Aeropuerto”, basado en la novela del mismo título de Arthur Hailey, fue copiado y desarrollado hasta la saciedad con resultados de todo tipo.

Aquellas películas debían recoger las vidas de varias personas dispares, y algunas muy antagónicas, que tendrían su catarsis en un evento común: algo superior a sus prioridades mundanas, por lo general, infidelidades, complejos lazos amorosos, delitos, complots de todo tipo, ambiciones políticas, ruinas económicas, fraudes tecnológicos… etc. Estos personajes serían interpretados por reconocidos actores y actrices del Hollywood más popular como Dean Martin, Jacqueline Bisset, Ava Gardner, Charlton Heston, Paul Newman, Steve McQueen, James Stewart, Fred Astaire, Olivia de Havilland, Burt Lancaster, Richard Widmark, Michael Caine, Christopher Lee, Jean Seberg, Robert Wagner, Gloria Swanson, Mirna Loy, Susan Clark, Jack Lemmon, Lee Grant, Joseph Cotten, Brenda Vaccaro, Faye Dunaway, William Holden, Richard Chamberlain, Jennifer Jones, Robert Vaughn, Susan Flannery, Gene Hackman, Shelley Winters, Ernest Borgnine, Rody McDowall, Henry Fonda… y el omnipresente George Kennedy, en definitiva, en los 70, no eras nadie si no aparecías en una película de catástrofes!

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El caos aludido sería desatado por desastres naturales, accidentes imprudentes o intencionados, atentados masivos… siempre con previos avisos en la primera mitad de la película que la mayoría de sus protagonistas desconocen totalmente, ignoran con menosprecio a la amenaza que se cierne. Estas amenazas llegaban en forma de inundaciones, erupciones volcánicas, maremotos, como sería el caso de “La Aventura del Poseidón”, meteoritos o terremotos, como es el caso de nuestra película, también tendríamos los incendios naturales o accidentales, cuyo caso más relevante seria “El Coloso en Llamas”, película del mismo año desarrollada en la vecina ciudad de San Francisco, quizás el mejor film en su género. Otras amenazas accidentales, ademas de todo tipo de incendios, serian los accidentes aéreos que nunca acababan en accidente total con muerte de todo el pasaje, posiblemente lo más real. En este sentido, tras “Aeropuerto”, el productor de “Terremoto”, Jennings Lang, recogió las riendas de aquella producción y lanzó al mercado sucesivamente “Aeropuerto 1975”, “Aeropuerto ’77” (1977, de Jerry Jameson), y “Aeropuerto ’80” (1979, de David Lowell Rich), además de éstas y “Terremoto”, presentó “Montaña Rusa” (1977), de James Goldstone, con la utilización del efecto sonoro Sensurround popularizado con la película del gran seísmo de Los Ángeles. También hubo un sitio para las catástrofes causadas a partir de atentados o complots de todo tipo, como fue el caso de la citada “Montaña Rusa” pero también, en epopeyas como  “Pánico en el estadio” (1976) de Larry Peerce, o “Domingo Negro” (1977), de John Frankenheimer. Parte de ese caos también sería planteado por la presencia de animales, como hizo Hitchcock en “Los Pájaros” (1963). En los 70 Irwin Allen dirigió “El enjambre” (1978) y Spielberg su famoso “Tiburón”, en ambas, y como en la película de Hitchcock, una pequeña y tranquila comunidad es amenazada por la presencia del ataque de aves, un tiburón o un enjambre de abejas, produciendo grandes escenas de pánico.

Irwin Allen fue quizás el cineasta más productivo y prolífico en este subgénero junto a Jennings Lang, que se limitó a producir, como decíamos antes, la saga de películas surgidas a raíz de “Aeropuerto”, y las mencionadas “Terremoto” y “Montaña Rusa”. Allen, por su parte, venía de una amplia trayectoria en realizaciones fantásticas, sobre todo para televisión como las populares series “Perdidos en el espacio”, “Viaje al fondo del mar” (surgidas a partir de dos películas de 1960 y 1961, respectivamente), “El túnel del tiempo” o “Tierra de gigantes”, que le dio experiencia y habilidad para dirigir las escenas de acción de lo que fueron puntales para el subgénero de catástrofes: “La aventura del Poseidón” (1972), codirigida con Ronald Neame y “El Coloso en llamas” (1974) codirigida con John Guillermin. Además de realizar las escenas más espectaculares de ambas, produjo estas dos películas con gusto y diseño notable, contando además con las reconocidas partituras de John Williams, que por aquel entonces despuntaba como el compositor más solicitado. Allen produjo y dirigió luego otros films populares también pero de menor éxito a los citados, como “Inundación” (1976) y “El bosque en llamas” (1977), producidas para televisión y estrenada en cines en algunos países, “El Enjambre” (1978) y “Más allá de la aventura del Poseidón” (1979), ambas producidas y dirigidas por él para cines, “El día del fin del mundo” (1980), producida por él y dirigida por James Goldstone para cines y con parte del plantel de actores de sus dos grandes éxitos “La aventura del Poseidón” y “El coloso en llamas”. En definitiva, un cineasta calificable como “el mago del desastre”, y sin ironías, por los éxitos cosechados en una sola década.

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La repercusión de tal “alud” de películas con catástrofes o desastres tan propios de un momento concreto, como la década de los 70, fue tal que hay que destacar dos tipos de legados: Por una parte los legados cómicos o de burla en grandes aportaciones como fueron “The Big Bus” (1976) de James Frowley y “Airplane!” (1980) de Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, con posterior secuela, y, por otra parte, las películas de finales de los 90 que intentaron resucitar el subgénero aunque sin el glamour de los 70 pero con la técnica de los 90. Algunos ejemplos fueron “Un pueblo llamado Dante’s Peak” (1997), “Volcano” (1997), “Deep Impact” (1998), y la multipremiada “Titánic” (1997) del reconocido James Cameron. También añadimos a este legado la mayoría de realizaciones de otro especialista como es Roland Emmerich con épicas devastaciones a nivel, ya, mundial como “Independence Day” (1996), “El día del mañana” (2004) o “2012” (2009).

Nosotros seguiremos admirando aquel primitivo, ingenioso e ingenuo esquema narrativo tan setentero que “Terremoto” ejemplarizó perfectamente y que tan hizo las delicias del Respetable, cuyas audiencias fueron de gran disfrute con las vibraciones del sensurround. En este sentido, aprobamos la habilidad del director, Mark Robson, para reproducir ese sistema de sonido, en el momento de iniciar el gran seísmo, en una escena en el interior de un cine, cuando Victoria Principal, una de sus protagonistas, esta viendo una película, recreando una confusión entre el sonido de la película que ve la protagonista y la que vemos nosotros. Paralelamente, aplaudimos la escena cómico-surrealista de Walter Matthau en un bar en el momento del desastre, como no lo hacemos, a cambio, con el hecho de Lorne Greene interpretando al padre de Ava Gardner, un patinazo ruborizante de guión, firmado por el aclamado en aquel momento Mario Puzo. Con todo, lo dicho: nos quedamos con aquellos esfuerzos más que con la gran destrucción masiva digitalizada de toda la costa Oeste en “San Andreas” (2015)…

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