Posteado el 18 febrero, 2018 Por en Críticas con 217 Visitas

El hilo invisible

EL HILO INVISIBLE (“Phantom thread”), de Paul Thomas Anderson. 2017.

Un trabajo bordado

Paul Thomas Anderson brilla como nunca con El hilo invisible, una película rodada en Europa y que presumiblemente será la última interpretación -esperemos que no- del magnífico Daniel Day-Lewis. El film se inspira vagamente en la enigmática figura del diseñador Cristóbal Balenciaga y nos transporta hasta el mundo de la alta costura en 1959, donde el modisto londinense Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) entabla relación con una camarera, convertida en musa y amante, que cambiará drásticamente el rumbo de su sofisticada vida.

El hilo invisible es una película de interiores lujosos y enmoquetados, en la que todo está cuidado hasta el último detalle para mostrarnos el mundo de Woodcock, en el que no hay cabida para la sorpresa o la improvisación. Los rituales se cumplen desde la hora del desayuno, ya que cualquier distracción puede afectar la calidad de su trabajo. Su hermana Cyril, una enigmática mujer interpretada por Lesley Manville y en la que el propio Anderson admite que hay ecos de la señora Danvers de Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940) parece tener cierto control sobre la vida de Reynolds, e incluso es la encargada de despedir a mujeres que han formado parte de la vida de su hermano cuando éstas han dejado de interesarle. El tercer personaje clave de la película es Alma, interpretada por la luxemburguesa Vicky Krieps, una mujer descubierta por Reynolds trabajando de camarera y que entrega su cuerpo y vida al talento del excelente diseñador.

Alma y Reynolds se entregan a una relación que explora los caminos de dominio-sumisión desde distintas interpretaciones y que nos plantea claves interesantísimas sobre el comportamiento humano. El juego con la enfermedad y el tratamiento de la sensación de necesidad marcan la trayectoria de una relación compleja, sofisticada y prácticamente abocada al fracaso, que Paul Thomas Anderson sabe abordar con una maestría sin igual, rompiendo el equilibrio que caracteriza la casa donde acontece la historia. Posiblemente estemos ante su mejor película, y no olvidemos que el director ya ha firmado trabajos de la talla de Boogie Nights (1997) o Pozos de ambición (2007).

El film retrata la vida de un hombre extremadamente exigente y entregado al éxito, que odia el concepto de chic en la moda y que consagra su trabajo a obras atemporales que puedan vestir a mujeres de cualquier tamaño. Reynolds se define como un hombre totalmente seguro de sí mismo, pero la relación con su hermana y su flirteo con Alma abren la puerta a pensar que es más maleable de lo que cree. Especialmente magistrales son los momentos en los que la figura fantasmagórica de la madre se aparece junto a su cama, subrayando el mensaje de que Reynolds tiene un don excepcional para la creación.

El hilo invisible hace gala de la artesanía de las grandes obras para presentar una compleja historia de amor trufada de escenas memorables -mención especial para el clímax con la tortilla- en la que todo brilla al más altísimo nivel. Una atmósfera de misterio impregna la casa y a sus protagonistas, excelentemente interpretados por la terna de actores, acompañados a cada paso por una colosal banda sonora de Jonny Greenwood. Chapeau.

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