Posteado el 7 septiembre, 2016 Por en Actualidad con 373 Visitas

Festival de Venecia: Nick Cave desnuda el duelo por la muerte de su hijo

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Arthur Cave falleció en julio del 2015 al precipitarse con tan sólo 15 años por un acantilado de Brighton (Reino Unido), tras haber consumido LSDSu padre, el rockero australiano, le pidió apoyo a su aliado natural: las artes.

Nick Cave convenció al cineasta Andrew Dominik de que rodara una película sobre aquel proceso creativo y postraumático. “One more time with feeling” conmocionó este lunes, fuera de competición, al Festival de Venecia, antes de su única proyección, el jueves en un selecto grupo de salas del planeta.

El resultado es un retrato íntimo y desgarrador, en blanco y negro y en 3D, donde el intento de un hombre de sobreponerse a una catástrofe insuperable se mezcla con su talento, sus creaciones y sus reflexiones habladas o cantadas: sobre el ser humano, el destino, las caídas, los profetas o la música. “Archivad mi voz, mi iPhone, mi juicio y quizás mi memoria entre las cosas perdidas. Son tan grandes como el universo”, dice Cave en uno de los muchos hermosos momentos en los que improvisa composiciones con su piano y voz, mientras Warren Ellis y el resto de la banda le acompañan a la caza de temas únicos. De paso, los amantes del australiano escucharán parte de lo que les espera en Skeleton Tree.

Nadie, eso sí, encontrará aquí un repaso a la trayectoria de Cave: para conocer la leyenda del inclasificable cantante del rock y el peso de vivir, del autor de poemas oscuros, de la estrella que vivió en Berlín o São Paulo y flirteó con la cárcel y la heroína, hay que acudir a otras fuentes, como 20.000 días sobre la Tierra, el anterior documental sobre el músico. Pero aquel contenía varias secuencias ensayadas. Aquí, en cambio, se muestra la realidad. “No es una película para todos; está dirigida a los que estén interesados en Nick”, tercia Dominik.

La imaginación necesita libertad y espacio. Pero un trauma así lo ocupa todo, no hay nada más”, defiende Cave ante la cámara. Y aunque sus sentimientos tal vez no se puedan expresar con palabras, el músico lo intenta: “De un día para otro, te ves igual en el espejo, pero dentro eres distinto y tienes que renegociar tu posición en el mundo”. Relata que acabó llorando entre los brazos de un conocido; que, en una cola, le miraron con piedad y le dijeron: “estamos contigo”. O que ya no sabe ni cómo contestar al panadero cuando le suelta la pregunta más sencilla: “¿Cómo estás?”.

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