Posteado el 10 marzo, 2018 Por en Críticas con 317 Visitas

Foxtrot

FOXTROT, de Samuel Maoz. 2017.

Un hombre y su destino

Samuel Maoz se muestra especialmente crítico con su país en esta fábula antibelicista en la que tiene un papel determinante el destino. Foxtrot cuenta la historia de una pareja, interpretada por Lior Ashkenazi y Sarah Adler, que recibe la fatal noticia de que su hijo ha caído en servicio en el puesto militar en el que había sido destinado.

El film se estructura en tres partes, en las que se juega con los distintos puntos de vista y se analiza cómo se pecibe la realidad por parte de los personajes implicados. La primera parte, la más dramática tras el fatal anuncio, nos encierra en un ático con vistas al mar en el que el matrimonio vive de forma distinta el dolor por la pérdida del hijo. Mientras la madre está sedada en cama, el padre, protagonista de este primer acto caracterizado por largos planos, exterioriza su rabia maltratando al perro de la familia. Cuando reciben una nueva comunicacion, en la que se dice que ha habido un error y que su hijo está sano y salvo, el padre arremete contra el ejército y exige el inminente retorno de su hijo al hogar.

La segunda parte acontece en el puesto militar y repasa, con cierta sorna, la rutina diaria de unos jóvenes cumpliendo con su deber, en la que se muestra la tensión que supone jugarse la vida a cada instante. El destino jugará una mala pasada de consecuencias fatales para un grupo de jóvenes que se acercan al lugar fronterizo, y como todo en el film, acarreará más consecuencias para otros. La tercera parte, la más intensa y lograda y en la que por fin afloran las emociones, nos vuelve a ubicar en un piso en el que se nos muestra el dolor de la madre.

La decisión del padre de tener lo antes posible el hijo en casa trajo graves consecuencias y el matrimonio, ahora roto, se encuentra de nuevo repasando su trayectoria. Es momento para los reproches y para que el padre exteriorice sus propios demonios, trasmitidos de generación en generación desde una madre víctima del Holocausto nazi hasta la cruda guerra del Líbano y la crisis palestina de nuestros días. Es en este momento cuando cobra sentido el título del film: el foxtrot es un baile que implica muchos movimientos que siempre terminan en el mismo sitio donde se comenzó. Igual ocurre con el destino de los hombres, condenados a revivir los mismos fantasmas una y otra vez…

Samuel Maoz, no exento de polémica al haber sido duramente criticado por la ministra de Cultura de su país, quien incluso ha lamentado que la obra recibiera el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Venecia, entendiendo el film como una difamación del trabajo de los soldados israelíes, nos ofrece una película algo desequilibrada y deliberadamente fría, en la que traza interesantes cambios de guión que consolidan su propuesta como un ejercicio original y de reconocido poderío visual, donde este último se acaba imponiendo a la tensión dramática. Interesante.

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