Posteado el 6 mayo, 2018 Por en Críticas con 106 Visitas

Good time

GOOD TIME, de Ben y Joshua Safdie. 2017.

Adrenalina y luces de neón

Los hermanos Safdie realizan un retrato trepidante de los bajos fondos de la ciudad de Nueva York a través del relato de dos hermanos delincuentes que viven en el filo. Connie Nikas (Robert Pattinson), el mayor de los dos, trata de evitar a toda costa que el menor, Nick (Benny Safdie), sea internado en un centro para discapacitados con motivo de un incidente violento en la casa de la abuela donde ambos vivían.

Después de un atraco chapucero a un banco, Nick es arrestado y Connie se embarca en una odisea desesperada para sacar a su hermano de la cárcel, primero, y del hospital, más tarde. La película es el viaje hacia ninguna parte que Connie recorre durante una larga noche para intentar reunir el dinero con el que pueda pagar la fianza de su hermano.

Good time fue una de las películas más elogiadas de la pasada edición del Festival de Cannes -Robert Pattinson era uno de los claros favoritos para alzarse con el premio al mejor actor-, pero, sorprendentemente, ha acabado siendo distribuida por Netflix. Pattinson lleva el peso de la cinta metido en el pellejo de un protagonista lanzado hacia la autodestrucción, confirmando que su pasado como ídolo adolescente como protagonista de la saga Crepúsculo, escrita por Stephanie Meyer, queda ya muy lejos. La película, impregnada de un lirismo trágico, ofrece una visión muy personal de la figura del antihéroe, y desprende grandes dosis de adrenalina a través de imágenes muy poderosas y de una críptica y estridente banda de sonora de Daniel Lopatin (bajo el nombre de Oneohtrix Point Never) que aporta, si cabe, más desenfreno al conjunto.

Durante esta epopeya incontrolable Connie compartirá su agonía con personajes desestructurados como Corey (Jennifer Jason Leigh), atrapada en una relación destructiva de dependencia con su madre, Crystal (Taliah Webster), una joven de color que pasa las noches viendo la TV y fumando marihuana -y que tendrá una curiosa conexión con Connie que supone uno de los mejores momentos del film-, y Ray (Buddy Duress), personaje que perfectamente podría figurar en una cinta de Martin Scorsese, al que los hermanos otorgan una posición privilegiada en los agradecimientos de los créditos finales.

Good time es un film notable que se inscribe en los códigos del género negro pero con un peculiar tatamiento de la imagen -apostando claramente por una luminosidad roja y azul- y que nos acerca a unos personajes en los márgenes de la sociedad de una manera que apela a nuestra afectividad, sobre todo a través del amor fraternal.

El film, que a algunos les parecerá un ejercicio excesivo, ruidoso y cargado de primeros planos, puede pecar de falta de un clímax más potente en su desarrollo -los Safdie podrían haber aportado más o menos episodios dentro del periplo de Connie- pero, como su protagonista, mira solamente hacia delante y avanza con frenesí hacia un final inevitable en el que una emocionante escena acompañada por el tema The pure and the damned interpretado por Iggy Pop nos trasmite magistralmente la sensación de dolor y pérdida.

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