Posteado el 1 mayo, 2018 Por en Críticas con 104 Visitas

Isla de perros

ISLA DE PERROS (“Isle of dogs”), de Wes Anderson. 2018.

Humanismo animal en stop-motion

Nueve años después de Fantástico Sr. Fox (2009), Wes Anderson regresa a la técnica del stop-motion con Isla de perros, una propuesta que supone un ejercicio de estilo incontestable del realizador texano y con la que obtuvo el Oso de Plata al Mejor Director en la pasada edición de la Berlinale.

Anderson reflexiona sobre el tema de los refugiados y las injusticias de los gobiernos en una historia de asombrosa belleza estética, que recoge la esencia del cine urbano de Kurosawa y la melancolía de Mizayaki, de los cuales el director se confiesa ferviente admirador. La población de perros de Megasaki está afectada por una gripe canina provocada por el malvado alcalde Kobayashi, heredero de una dinastía amante de los gatos, quien decreta que todos los canes sean confinados a Trash Island. Unos meses después, el joven Atari, sobrino del alcalde, aterriza en el enorme vertedero en el que se ha convertido la isla para recuperar a su perro Spots.

El realizador, apoyado en un guión coescrito con sus habituales Jason Schwartzmann, Roman Coppola y Kunichi Nomura, teje una historia de apariencia simple en la que se cuida hasta el último detalle la ambientación, empezando por una gran partitura de Alexandre Desplat que reinventa los sonidos propios del teatro kabuki. La música ayuda a conformar una nueva idea de Japón, combinando elementos futuristas con un punto retro y decadente.

La película nos presenta potentes personajes a través del grupo de perros protagonista, entre los que destacan las voces de Bryan Cranston, Edward Norton o Liev Schreiber. Los actores ponen voz a los canes, que hablan en inglés, mientras que algunas de las frases de los personajes japoneses -otras son traducidas simultáneamente por la intérprete a la que pone voz Frances McDormand- no son dobladas para conservar el efecto sobre las emociones que producen sobre el espectador al escucharlas en lengua nipona. Esto, junto a un estudiado control de los silencios, contrasta con la velocidad de los diálogos y las réplicas habituales del cine de Anderson, y supone un gran logro narrativo en la historia.

Isla de perros es un film bellísimo que, más allá del mensaje crítico -una vez más- sobre la sociedad capitalista, se puede disfrutar como un retrato humanista protagonizado por perros rodado como una obra de alta costura, alzándose, junto a la mencionada Fantástico Sr. Fox, como la mejor obra del cineasta hasta la fecha. El gran mérito de Anderson radica en que, aunque utilizando elementos propios de la cultura japonesa, consigue de nuevo conformar un universo que responde a una personal y extraordinaria singularidad.

Tags : , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *