Posteado el 25 diciembre, 2017 Por en Críticas con 194 Visitas

La cena

LA CENA (“The dinner”), de Oren Moverman. 2017.

Un menú indigestible

El israelí afincado en New York Oren Moverman -guionista de I’m not there (Todd Haynes, 2007)- adapta la novela del holandés Herman Koch en una película estructurada como un menú y en el que la historia principal se desdobla en un sinfín de subtramas que supera con creces la capacidad retentiva del ser humano. Sí, La cena es un ejercicio caótico, plomizo y desprovisto de toda delicadeza en la que dos matrimonios deliberan sobre qué resolución tomar acerca de un acto atroz cometido por sus hijos.

La primera pareja está formada por Stan Lohman (Richard Gere), un congresista que se está jugando su futura carrera como gobernador, y Kate (Rebecca Hall), una mujer mucho más joven que él que le achaca que no quiera tener más hijos. La segunda pareja es la compuesta por el hermano de Stan, Paul (Steve Coogan), un profesor de Historia retirado con graves problemas psicológicos, y Claire (Laura Linney), quien acaba de superar un cáncer recientemente. Los hijos de ambos matrimonios han protagonizado un acto deleznable al quemar viva a una vagabunda que dormía en un cajero, en un juego macabro que se les acaba yendo de las manos. Además, el tercero en discordia -el hijo de color adoptado por Stan y su anterior esposa, interpretada por Chloë Sevigny- tiene imágenes del suceso grabadas en el móvil y chantajea a ambos chicos a cambio de no hacerlas públicas.

Moverman quiere contarnos mucho, demasiado, y el resultado es un film sin pies ni cabeza con personajes mal elaborados, entre los que resulta especialmente insoportable el personaje principal, Paul, del que vamos conociendo detalles de su enfermedad mental a través de inconexos flashbacks introducidos con la menor sutileza posible. Su cinismo, contrapuesto al compromiso moral de su hermano, resulta un elemento totalmente insufrible e impostado que dificulta enormemente el seguimiento de la trama.

El film pretende reflexionar sobre tantos temas que tal labor resulta extenuante: crisis matrimoniales, política, racismo, enfermedades, extorsión… Todo ello aderezado con continuas referencias a la batalla de Gettysburgh inspiradas en las clases que Paul impartía, pero que no justifican ninguna conexión con los hechos, más allá de que Moverman pretenda comparar un país al que no le interesa profundizar en su Historia con la hipocresía de ambos matrimonios tratando de indagar en las suyas.

El realizador intenta, a través de las interpretaciones de cuatro actores consagrados, presentar una intensa rivalidad entre hermanos, pero cada vez que profundiza en las heridas el resultado es sonrojante por culpa de la dificultad que supone seguir el ritmo con tantas interrupciones. Como conjunto, la disonante mezcla de estilos, tonos y giros de guión que se van sucediendo en La cena desembocan en un producto totalmente indigerible, del que la escena final es la guinda que confirma su imperfección y sinsentido. Moverman ha tratado de abordar un retrato satírico de la sociedad norteamericana a lo American beauty (Sam Mendes, 1999) y le ha salido el tiro por la culata.

No siempre se hace justicia, pero en este caso, que el novelista Herman Koch lamentara profundamente la calidad de la película después de su estreno en la pasada Berlinale es un buen reflejo del despropósito de la propuesta de Moverman. Horrible.

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