Posteado el 16 diciembre, 2017 Por en Críticas con 173 Visitas

La decisión del rey

LA DECISIÓN DEL REY (“Kongens nei”), de Erik Poppe. 2016.

Un interesante punto de partida que acaba asemejándose a una fría clase de historia

El La decisión del rey Erik Poppe está interesado en reflejar la historia de su país, contando un episodio bastante desconocido de la SGM y que supone un punto de partida original e interesante. El rey Haakon VII, primer monarca de una Noruega independiente desde tiempos medievales, se enfrenta a un ultimátum lanzado por los nazis. Al monarca se le plantea la rendición, propuesta que le hace el diplomático alemán en nombre del mismo Hitler, después de que las tropas nazis invadan el territorio noruego por vía marítima. El dilema del rey sobre doblegarse a las exigencias alemanas o tratar de enfrentarse a ellas es el momento histórico preciso que el film retrata.

El rey Haakon VII, interpretado por Jesper Christensen, y el embajador alemán Curt Bräuer -interpretado por Karl Markovics, protagonista principal de la excelente y premiada con el Oscar Los falsificadores (Stefan Ruzowitzky, 2007)- son el eje fundamental del film y sus conflictos ideológicos condicionan de forma decisiva la trama. El discurso de la película tiene que ver con las dudas de los protagonistas, aunque de forma innecesaria, Poppe se empeña en recrear escenas de acción totalmente gratuitas que desvían nuestra atención del conflicto, provocando que la historia se alargue demasiado. El uso reiterativo de la técnica de cámara al hombro tampoco le sienta excesivamente bien a una película que debería ofrecer mayor profundidad psicológica.

La historia se ocupa también del drama personal de una familia obligada a huir y el enfrentamiento entre un padre y un hijo -el príncipe Olav, interpretado por Anders Baasmo Christiansen- debido a sus opuestas formas de entender el reinado. El retrato del rey Haakon VII es amable y ensalza su preocupación por preservar la democracia de su nación, pero las conversaciones y disputas con su primogénito resultan bastantes descafeinadas y carecen de tensión dramática, por lo que a menudo la película se asemeja a una fría clase de historia.

Aunque la base argumental del film es sólida, algunas reiteraciones en el tratamiento de los temas que aborda acaban por acentuar sus defectos más que sus virtudes. Sin lugar a dudas, los mejores momentos son las discusiones del rey con su gabinete de gobierno, pero éstos no pueden evitar que finalmente la sensación de decepción se apodere del espectador al contemplar la poca brillantez del decisivo encuentro entre el rey y Bräuer. Pasable.

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