Posteado el 23 octubre, 2016 Por en Cinefilia con 519 Visitas

La filmografía de Alberto Rodríguez

Rodaje de la pelicula Isla Minima de Alberto Rodriguez Produccion Atipica Films

Con el estreno de la película “El hombre de las mil caras”, crítica disponible aquí, hemos querido hacer una parada en la filmografía ascendente de su director, Alberto Rodríguez, que cosecha éxitos con cada nuevo largometraje, que nos sorprende cada día para mejor, y que nos hace preguntarnos seriamente ¿de dónde ha salido este tío….?

Pues este monstruo del audiovisual sale de la Universidad de Sevilla, y comienza sus andanzas con cortometrajes como “Banco” junto al también director Santiago Amodeo. Fue ya un primer trabajo que, aunque no llegase al gran público, obtuvo un gran reconocimiento.

Junto a Santiago Amodeo realizaría “El factor pilgrim”, y más tarde coguionizaría con este y dirigiría “El traje”, en 2002. Pero sería en 2005 con “7 vírgenes” cuando comenzase a sonar su nombre como revelación, eso sí, muy humildemente al inicio. Y, sin embargo, Alberto Rodríguez apunta desde el inicio unas formas, técnicas y sentido cinematográfico que bien merecía haberle seguido de cerca como se hace a veces con otros directores, ¿Dónde radica el “por qué no” de esta cuestión?

Quizás el motivo principal sea la elección de la temática. Rodríguez acostumbra a barrer para casa, pero además trata las temáticas con un personalismo aplastante: es capaz de contarnos una historia como si le hubiera pasado a él mismo, con todo el realismo a flor de piel del que vive unos hechos en primera persona.

Este director y guionista es un claro ejemplo de que para contar una historia no hace falta que sea algo tuyo, que hayas vivido o de algo que tú entiendas como aseguran algunos expertos cinematográficos, sino que más bien se trata de hacer tuya la historia. Seguro que en estas películas Alberto Rodríguez ha puesto mucho de sí mismo, pero sobre todo se produce lo contrario, y vemos como historias intensas, complejas y personales son narradas en una primera persona (figurada) que hace que nos metamos de lleno en la trama, la suframos, y la sintamos como un relato veraz, como cuando leemos en el periódico un suceso trágico de nuestra localidad.

SIETE VIRGENESÉse es el punto común, y otro es el que comentaba de la temática: son historias de individuos, crónicas menores de un barrio perdido. No son grandes historias, y no lo buscan ser. Y no son temáticas novedosas o aventuras de héroes victoriosos. “7 vírgenes” es un claro ejemplo que además añade ese “barrer para casa”, contando una historia andaluza de acento marcado. Resultado: una obra de postín, sencillita pero potente, sin grandilocuencias y bien rematada, que se queda corta como largometraje, pero que muestra unas virtudes cinematográficas que más querría cualquier novel.

Después “After”, donde nuevamente nos topamos con una forma de entender el cine que te arrastra a la oscuridad, con una historia narrada en una primerísima primera persona que te hace sufrir con los personajes, y unos elementos que hacen de la historia una riada que te lleva al final a bocanadas de aire. Problemas nuevamente en la temática: el desgaste de tres personajes (de soberbia interpretación), es un desgaste para el espectador que busca una catarsis, y sin embargo encuentra una caída en picado, porque además es un desgaste que se refleja en el avance la película, que avanza como riada como decía, pero hacia la asfixia. Esta misma sensación pero con mejor resultado se repetirá más adelante en “La isla mínima”.

Pero antes la filmografía del director pasa por varios proyectos en Méjico, largometrajes de animación y trabajos en televisión, hasta la aclamada tanto por la crítica como por los espectadores, “Grupo 7”. Y no es por casualidad precisamente.

“Grupo 7” puede ser, con perdón de “La isla mínima” (luego hablamos de ésta), la obra redonda de Alberto Rodríguez, en la que vuelca todo su talento y ensayos rematados en su filmografía anterior. Continúa con una temática que barre para casa, desde un enfoque personalísimo y en primera persona, con unos personajes torturados al modo “destino fatal” del buen cine negro americano, aplicado a una realidad española documentada en la trama. Aquí Rodríguez incluye el concepto histórico, elevándolo a nivel de personaje, algo que será un nuevo punto notable a destacar en las próximas cintas.

No es sólo un guión sólido que te lleva de la mano de un muy buen cine policiaco, thriller y cine negro, sino que además te hace cómplice y te obliga a la reflexión más gustosa del buen cine, con una escena final que remata en forma de broche un saber hacer cinematográfico construido en imágenes (el cine muestra solo lo que se ve).

Y es una ambientación de delicia, con una dirección artística, un equipo artístico, una música, un sonido, una fotografía,… que debe dar verdadera envidia al cine foráneo.

LA ISLA MÍNIMA MARISMAS

Tras este elogio a “Grupo 7”: ¿Qué queda para “La isla mínima”, ganadora del Goya a la Mejor película en el 2014? Como principal diferencia hay que apuntar que en esta película Alberto Rodríguez hace más hincapié en el thriller y el cine negro, sin abandonar los otros géneros de la anterior, pero eso hace que para el gran público sea la primera más atractiva, unido al hecho de que “La isla mínima” es mucho más oscura en todos sus sentidos. Pero esto no es más que acentuar un género que, como demuestra, sabe utilizar a la perfección.

Por otro lado y continuando con la comparación, salvando que es quizás una película menor en cuanto a trama, más humilde (pero más intensa), nada más se puede añadir en contra de esta obra que vuelve a repetir todos los elementos anteriores, mejorándolos notablemente, y aquí no puedo cerrar el escrito sin un listado de “menciones especiales”: a la fotografía por supuesto, la lluvia o esos planos cenitales tan tan sublimes de Doña Ana, a las escenas como la persecución en coche por la noche y un cuerpo que se asoma a la ventana trasera, a la música que en combinación con los planos es una maravilla, a las interpretaciones, a los sonidos,….

De “Grupo 7” a “La isla mínima” pasaron dos años, dos años en los cuales Alberto Rodríguez pasó no sólo a ser conocido más allá de los círculos expertos, sino a ser uno de los mejores realizadores del panorama actual. En dos películas. Creo que eso dice mucho.

Y ahora se enfrenta a esa gran responsabilidad de mantener lo de “donde digo Diego”, y lo hace, de momento, con “El hombre de las mil caras”. Repasando su filmografía, está claro que no es su mejor película (aunque siempre comparar está feo, y eso que lo llevo haciendo todo el texto), pero sí sabe mantener un estilo, unos conocimientos y un “aquí estoy yo”, y no solo mantener sino mostrar los resultados en la crítica, reconocimientos y el gran público. No es una historia sencilla, como decíamos en su crítica en esta web escrita, quizás tenga una equivocación de guión en la elección del protagonista, pero lo que no me cabe duda es que sabe hacer de la historia fuegos artificiales sólo con el conocimiento y saber cinematográfico, porque la película pese a sus posibles fallos, vuelve a ser una riada que te arrastra de bocanada de aire en bocanada de aire.

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