Posteado el 19 diciembre, 2017 Por en Críticas con 216 Visitas

La herida

LA HERIDA (“Inxeba”), de John Trengove. 2017.

Masculinidad y ritos ancestrales

Potente debut el de John Trengove con una película caracterizada por una narrativa vibrante y nerviosa, siempre en constante movimiento. En ella se reflexiona sobre las tradiciones de la etnia Xhosu de la República de Sudáfrica a través de la vida de Xolani (Nakhane Touré), un obrero solitario que cada año participa como tutor en un rito iniciático -conocido como ukwaluka– para jóvenes que están a punto de dar el paso hacia la vida adulta. Siguiendo las pautas de esta tradición ancestral, los iniciados son circuncidados y pasan unos días en una cabaña situada en un campamento alejado del pueblo antes de afrontar la reincorporación a la vida cotidiana como adultos.

Xolani deberá instruir a Kwanda (Niza Jay), un chico de familia acomodada de Johannesburgo, que parece no encajar en las tradiciones defendidas por los más veteranos del clan. El joven descubrirá el secreto mejor guardado de Xolani, que está enamorado en secreto de otro de los tutores, Vija (Bongile Mantsai), quien lleva una doble vida casado con una mujer, circunstancia que no tiene intención de cambiar. Este descubrimiento traerá graves consecuencias para los tres protagonistas, que actúan con gran ambigüedad la mayor parte del tiempo, dejando al descubierto el gran abismo que supone la crisis de la homosexualidad en el hombre negro africano.

El film de Trengove combina una interesante aproximación al documento antropológico -las imágenes de los rituales desprenden un gran realismo- con un pulso narrativo furioso y lleno de emoción, en el que dominan los primeros planos y los escorzos. Varios modelos de masculinidad se reflejan en esta historia en la que el joven iniciado aporta un nuevo punto de vista a la problemática de Xolani, quien difícilmente será capaz de lidiar con ello. Este enfoque supone un inesperado intercambio de papeles en la relación tutor-pupilo.

Trengove construye imágenes exteriores de gran crudeza -y belleza- con todos los tipos de luz posibles al representar, a cualquier hora del día, la experiencia directa de los personajes con la naturaleza, acentuando su contacto con un entorno hostil y complejo. El realizador pretende que la película trasmita la tremenda visceralidad de lo que relata, por medio de un completo compendio de heridas tanto físicas como emocionales que deben cicatrizar para poder avanzar.

La historia comparte algunas similitudes con la excelente Tierra de Dios (Francis Lee, 2007), sobre todo en lo que a la relación directa de los personajes con el entorno físico se refiere. También invoca nuevamente a films como Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005 ), y será calificada como una suerte de Moonlight (Barry Jenkins, 2016) a la africana, por lo subversivo de un amor que dinamita cualquier convencionalismo social, aunque en este caso, Trengove lo hace de una forma más provocativa si cabe, desarrollando una cierta sensación de temor alrededor de los tres protagonistas. El choque entre ellos es uno de los elementos más potentes de la historia y nos arrastrará hacia un final cargado de una gran intensidad, en el que el individualismo y la colectividad se presentan en eterno conflicto.

La herida no defrauda y mantiene el tipo hasta el final con una resolución fílmica solvente, suponiendo un soberbio debut que aspira a la nominación al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. De momento, ya ha pasado la primera criba.

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