Posteado el 17 noviembre, 2017 Por en Críticas con 39 Visitas

La piel fría

LA PIEL FRÍA (“Cold skin”), de Xavier Gens. 2017.

Xavier Gens adapta de forma muy libre y demasiado superficial la excelente novela de Albert Sánchez Piñol en esta película con elementos fantásticos que formó parte de la sección oficial de largometrajes del último Festival de Sitges, aunque fuera de concurso. El realizador construye una historia acerca de la soledad, el enfrentamiento a lo desconocido y la empatía.

El diseño de producción es bastante digno (la película está dedicada a su artífice, el fallecido Gil Parrondo), aunque en ocasiones se lamentan las limitaciones presupuestarias, sobre todo en las escenas subacuáticas con la exploración del barco hundido, en la que los personajes deben encontrar la dinamita para vencer el asedio que sufren, noche tras noche, de unas extrañas criaturas marinas. La fotografía de Daniel Aranyo brilla con luz propia, ambientando la historia en el inquietante faro de una isla remota. Especialmente bella es la luz del faro barriendo las rocas mojadas por la noche. Sin embargo, la película tiene un pulso narrativo débil y nos presenta las escenas de forma muy mecánica y reiterativa. Su intento de crear una atmósfera inquietante es totalmente inofensivo, procvocando un aburrimiento generalizado.

Además, los dos personajes principales, interpretados por Ray Stevenson y David Oakes, resultan bastante huecos, principalmente por la falta de carisma de ambos actores, por lo que no prospera una lectura más profunda de sus carácteres y evolución, como sí ocurría en la novela. El tercer elemento protagonista, la criatura fantástica interpretada por Aura Garrido, tampoco sirve para ir más allá de una relación de dominio-sumisión bastante explícita y poco imaginativa entre las especies. Su personaje, a pesar del esfuerzo de la actriz, acaba dando más grima que otra cosa. La interacción entre los personajes es superficial, con elipsis y eufemismos haciendo referencias a las relaciones sexuales que ambos mantienen con esta suerte de “mujer-anfibio”. Lo más interesante es descubrir que la destrucción del personaje del farero Gruner será la clave para cambiar el curso de las cosas.

En definitiva, el resultado es una película de aventuras gris y anodina, condenada a pasar desapercibida por su alarmante falta de personalidad y la repetición de unas escenas de acción donde se abusa en exceso de los efectos digitales. La redundancia de la voz en off que narra la historia en primera persona contribuye también a alejarnos de la trama. Decepcionante.

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