Posteado el 11 diciembre, 2017 Por en Críticas con 169 Visitas

En la playa sola de noche

EN LA PLAYA SOLA DE NOCHE (“Bamui haebyunaeseo honja “), de Hong Sang-soo. 2017.

Desamor y cenas con soju

En la playa sola de noche es la primera de las tres producciones que el prolífico realizador surcoreano Hong Sang-soo ha realizado este año. Presentada en la pasada edición del Festival de Berlín, donde se alzó con el premio a la mejor actriz (Kim Min-hee), la película reflexiona sobre el desamor y la sobreexposición mediática de una relación de pareja.

Hong Sang-soo construye un magnífico personaje femenino, Young-hee, que vertebra el relato, dividiendo el discurso en dos partes. La primera de ellas -donde el desamor es el protagonista y tiene lugar una de las escenas más bonitas, cuando la joven reza postrada en el suelo antes de cruzar un puente- transcurre en Hamburgo, ciudad en la que la actriz reflexiona con una amiga mayor que ella -quien es el contrapunto a su romanticismo-, sobre su relación con un director de cine casado, cuestionando las decisiones pasadas y afrontando las futuras. Este episodio tiene un claro componente autobiográfico si tenemos en cuenta la relación extraconyugal del propio Sang-soo con su musa, Kim Min-hee, hecho que fue un auténtico escándalo en la sociedad coreana, donde el director fue abiertamente atacado por la opinión pública. La aparición de un personaje enigmático y una bella secuencia onírica nos transportan a la segunda parte, en suelo coreano.

En el film, Young-hee madura libremente y en soledad. Los paseos por la playa tienen un componente melancólico no exento de cierta angustia existencialista. La huida o exilio, en primera instancia, es una salida momentánea para tratar de lidiar con esa angustia. La idea del paso del tiempo está muy presente en el film, sobre todo en las conversaciones que tienen lugar en la segunda parte, ya en la ciudad coreana costera de Gangneung, donde la joven reflexiona con sus amigos -en cenas regadas por el soju- sobre las relaciones de pareja y el rol de la mujer en el amor, a la vez que critica la superficialidad de la vida en Seúl.

La película es un retrato algo pesimista de la realidad con una estética visual muy trabajada, en la que observamos cómo nuestros sentimientos se amoldan a lo cotidiano. Algunas señas de identidad del cine de Hang-soo son también reconocibles en este film, tales como los diálogos que reflejan con humor la confusión de las relaciones humanas, largos planos fijos, exagerados zooms y una crítica ácida de la sociedad coreana. Dos directores de fotografía, Kim Hyungkoo y Park Hongyeol, se encargan de recrear una luz ligeramente diferente para cada una de las dos playas y la excelente melodía del Quinteto para cuerdas en Do Mayor de Schubert se erige como el lazo que lo une todo.

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