Posteado el 12 diciembre, 2017 Por en Críticas con 173 Visitas

La seducción

LA SEDUCCIÓN (“The beguiled”), de Sofia Coppola. 2017.

Un gran despliegue técnico para un frío remake

Sofia Coppola se queda a medio camino en su adaptación de la novela de Thomas Cullinan, llevada a la gran pantalla anteriormente por Don Siegel en 1971, con Clint Eastwood encabezando el reparto. Es incustionable que la puesta en escena es elegante y el trabajo de dirección de actrices no resulta nada desdeñable, pero la película no acaba de conseguir su propósito, quedándose muy lejos del nivel de perversión de su precedente. La cinta de Siegel se desarrollaba según el punto de vista masculino, mientras que esta versión se nos cuenta desde el de unas mujeres que luchan contra el patriarcado imperante.

La seducción es un derroche de fuerza visual, donde la factura de la fotografía de Philippe Le Sourd es impecable y la iluminación de las velas quiere imitar la excelente Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975). Cuenta una historia ambientada en tiempos de la guerra civil norteamericana, concretamente en una escuela femenina de Virginia donde únicamente viven mujeres. La aparición de un soldado confederado gravemente herido, McBurney (Colin Farrell), altera la tranquilidad cotidiana de las habitantes de la escuela, unos personajes que están aislados del conflicto exterior -como lo estaba también María Antonieta (2006) de la Revolución Francesa-, pero que no pueden evitar ser el reflejo de esa realidad que les ha tocado vivir y que viven con su represión y su deseo.

Coppola vuelve a acercarse al universo femenino que tan bien había tratado en Las vírgenes suicidas (1999), pero ahora lo hace en una historia algo insípida y que precipita los acontecimientos a partir del momento de la amputación de la pierna del soldado, dando rienda suelta a las reacciones violentas de los personajes. La contención que caracteriza la mayor parte del metraje se resuelve, pues, con cierta celeridad al final, en una muestra de mala gestión del material tratado por la realizadora.

El sonido aporta mucho a la atmósfera de la película, subrayando el aislamiento de las siete mujeres y cómo viven encerradas en su mundo interior, muy próximas a la amenaza externa de la guerra. Si bien la dirección en los apartados técnicos es notable -hecho que fue reconocido en el pasado Festival de Cannes-, el film nos deja un sabor amargo debido a su falta de convicción, como si Coppola decidiera escoger en primera instancia un camino por el que finalmente no acabará transitando, echando por tierra el gran trabajo de la terna femenina protagonista compuesto por la implacable directora de la institución, Martha Farnsworth (Nicole Kidman), la maestra Edwina Rice (Kirsten Dunst) y la adolescente Alicia (Elle Fanning), todas ellas bajo la influencia de la presencia masculina de un no menos excelente Colin Farrell, que sabe modular su personaje para resultar atractivo y carismático para todas ellas.

La seducción pasará a la historia posiblemente como una de las películas más discretas dentro de la interesante filmografía de Coppola, que además desproviste aquí el producto de cualquier componente pop, a excepción de algunas de las composiciones del grupo Phoenix para la película, unos tonos electrónicos que enfatizan la tensión de la narración. Una propuesta que, aunque quiere discurrir por otros derroteros, no consigue ni igualar lo conseguido por la anterior versión de Siegel. Discreta.

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