Posteado el 28 noviembre, 2017 Por en Críticas con 31 Visitas

La suerte de los Logan

LA SUERTE DE LOS LOGAN (“Logan Lucky”), de Steven Soderbergh. 2017.

Steven Soderbergh pone fin a su anunciado retiro y regresa con un film en el que aborda uno de los géneros que mejor domina, las películas de atracos. Logan Lucky actúa como versión rústica de los elegantes ladrones de la saga Ocean’s eleven (2011). Aquí los villanos son una desgraciada familia de la América interior liderada por los hermanos Logan.

Channing Tatum es Jimmy, una ex-promesa de futbol americano, divorciado, cojo y en paro, y Adam Driver es Clyde, un barman manco que perdió su brazo combatiendo en Irak. Ambos son un claro ejemplo del mal fario que ha perseguido a la familia desde siempre. Los Logan pretenden poner fin a su infortunio robando la caja de las apuestas de la célebre carrera de fórmula NASCAR. Para ello cuentan con la ayuda de Mellie, la hermana pequeña interpretada por Riley Keogh, una fiera al volante, y con la del convicto Joe Bangs, un experto en explosivos y cajas fuertes, interpretado por un Daniel Craig en el personaje más cómico de su carrera, liberado del corsé de la franquicia Bond, en la que todo está calculado.

Aun contando con estos prometedores elementos, la guionista Rebecca Blunt -quién sabe si puede tratarse de otra identidad del propio Soderbergh, quien en Magic Mike XXL (2015) utilizó sendos pseudónimos para rubricar el montaje (Mary Ann Bernard) y la dirección de fotografía (Peter Andrews)- no sabe sacar partido de las posibilidades que ofrecen los personajes, echando a perder su potencial cómico. Más allá de algún gag de gran nivel, como el que tiene que ver con la figura de George R.R. Martin y los reclusos que esperan la continuación escrita de Danza de dragones, la inclusión de destacados secundarios como Katie Holmes, Hilary Swank o Katherine Waterson no aporta nada al conjunto final, pues sus presencias son testimoniales, sin sustancia. Por otro lado, Logan Lucky tampoco funciona como un potente drama familiar debido a la falta de seriedad de la premisa inicial y del tono ligero y efervescente con el que Soderbergh dota la historia y los diálogos.

Si bien es cierto que la película luce la frescura formal y la soltura propia del cine de un veterano Soderbergh, no consigue cautivarnos como lo hizo con la inteligente y estrafalaria TV-movie Behind the candelabra (2013), en la que la aproximación a los protagonistas, llena de matices, propiciaba la excelente actuación de Michael Douglas y Matt Damon. Y tampoco nos divierte como Magic Mike (2012), donde las escasas pretensiones desembocaban en un producto muy dinámico de usar y tirar.

En definitiva, una película que quiere ser entretenida, pero que no sabe descubrir los matices que podrían ofrecer sus protagonistas ni llevar a cabo un genuino retrato social de una América profunda que escucha en las camionetas Take me home, country roads de John Denver en viejas cintas de cassette. Justita.

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