Posteado el 18 marzo, 2018 Por en Críticas con 158 Visitas

La última bandera

LA ÚLTIMA BANDERA (“Last flag flying”), de Richard Linklater. 2017.

Fallida road movie con féretro

Richard Linklater tira del oficio de un trío de ases de la interpretación -Steve Carell, Laurence Fishburne y Bryan Cranston- en un amarga road movie en la que reflexiona sobre el papel de la guerra en la vida de jóvenes y veteranos soldados americanos. El guionista y director intentó adaptar la historia hace más de diez años, pero en aquel momento pensó que era demasiado temprano para llevarla a cabo y lo dejó para más adelante.

Estamos en el año 2003 y Doc (Carell) sale en la busca de sus dos mejores amigos en la guerra de Vietnam, Sal (Cranston) y Mueller (Fishburne), para que le ayuden a transportar el féretro que lleva el cuerpo de su hijo, fallecido en la guerra de Irak, con el propósito de enterrarlo cerca de casa. La película es la adaptación de una novela de Darryl Ponicsan reescrita para la pantalla por él mismo, y en la que conecta las dos lamentables operaciones bélicas de la Casa Blanca. La historia es la secuela de otra novela del propio Donicsan, que se adpató en el cine como El último deber (Hal Ashby, 1973), con Jack Nicholson como protagonista.

Linklater viste su película de comedia dramática para narrar el periplo de estos tres veteranos de Vietman a través del país, custodiando el ataúd que transporta el cuerpo del hijo de uno de ellos. El joven soldado Washington (J. Quinton Johnson) aconpaña también a la comitiva para aportar un punto de vista más actual a la realidad bélica. Si hay un realizador que ha sabido captar con maestría la masculinidad en todas sus facetas ése es Richard Linklater, director icono del indie americano que ha firmado trabajos tan meritorios como Dazed and confused (1993), Boyhood (2014) o Todos queremos algo (2016). A pesar de ser una reflexión sobre el inexorable paso del tiempo, La última bandera brinda sus mejores momentos en las escenas cómicas en las que los tres actores dan rienda suelta a su talento.

El film contiene buenas escenas, sobre todo gracias al trabajo de sus protagonistas, pero no puede evitar un resultado fallido, lo que la coloca entre una de las películas menores del cineasta. Su discurso sobre la amistad y su excelente trato de la nostalgia brillan nuevamente en esta historia, pero en conjunto la sensación es que a la película le falta química en muchos trances, como si la inspiración hubiera abandonado al director. Los personajes, a pesar de las grandes interpretaciones de los actores, carecen de autenticidad, y en general toda la trama se antoja algo forzada, lo cual provoca que la película se sitúe entre los trabajos menos memorables del genial cineasta.

Posiblemente lo mejor del film sean los créditos finales al son de Not dark yet, de Bob Dylan, los cuales nos dan la esperanza de que el director recupere la buena forma y vuelva a brillar en su próximo trabajo…

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