Posteado el 26 febrero, 2018 Por en Críticas con 186 Visitas

Lady Bird

LADY BIRD, de Greta Gerwig. 2017.

Un coming of age que refleja cómo se construyen las emociones

Lady Bird es el magnífico debut de Greta Gerwig tras las cámaras, un trabajo que puede descifrarse como un relato autobiográfico de la realizadora. De hecho, Gerwig pretende con esta película rendir homenaje a Sacramento, una ciudad que no supo apreciar hasta que se marchó, y aunque los hechos relatados en el film no se corresponan exactamente con vivencias personales, éstos poseen una verdad directamente conectada con el sentimiento de hogar y partida del núcleo familiar por parte de Gerwig.

Lo que nos cuenta la película es sencillo, mas lo destacable es la manera en la que lo hace. Las escenas tienen una doble lectura, lo que cuentan y sólo lo que muestran. Gerwig sabe jugar con maestría con el dolor asociado a cada pequeña experiencia y cómo proyectamos la culpa de episodios negativos de nuestra infancia y adolescencia en los padres, principalmente porque son los que tenemos más cerca. La historia de Christine, autobautizada como Lady Bird, -excelente Saoirse Ronan-, es la de una chica que se revela contra su entorno porque tiene la certeza de que la verdadera vida está ocurriendo en cualquier otro lugar, alejado de la ciudad donde se crió -y a la que ella llama el Midwest de California-. Sin embargo, la directora va incluso más allá, y no podemos valorar el film únicamente como una película de final de instituto y salto a la universidad, sino que también observamos cómo los padres interiorizan sus propias miserias para mostrar a sus hijos versiones remendadas de sí mismos.

Los padres, un depresivo Tracy Letts y una frustrada y malhumorada Laurie Metcalf -también magnífica-, marcan la trayectoria vital de Lady Bird, quien proyecta la relación con sus novios -primero un religioso y graciosísimo Lucas Hedges y posteriormente un bohemio y sobrado Timothee Chalamet- en la manera en que se aproxima a sus progenitores. Todos los personajes de la historia están perfectamente diseñados, y entre ellos brillan especialmente el mencionado Hedges -en un papel tan diferente a Manchester by the sea (Kenneth Lonergan, 2016) que impresiona- y la mejor amiga de Lady Bird, Julie (Beanie Feldstein), quien posee un inequívoco sabor a la Tracy Turnblad de Hairspray (John Waters, 1988).

No faltan en el film de Gerwig escenas de humor inteligente que dejan un excelente sabor de boca en el espectador, y es que se nota la experiencia de la actriz como co-guionista junto a su pareja Noah Baumbach. De hecho, podría entenderse esta Lady Bird como una precuela de Frances Ha (Noah Baumbach, 2012), pues al final nos encontramos con una nuevamente rebautizada Christine que busca una vida más estimulante en una universidad de Nueva York, afirmando que proviene de San Francisco. Una manera sencilla pero maravillosamente emotiva de referirse a las cosas que nos avergüenzan pero que también apreciamos, como ese primer paseo en coche por las calles de Sacramento. Un coming of age en toda regla, muy característico del cine independiente, pero que Gerwig sabe llevar a su terreno para delimitar su espacio como cineasta.

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